Marta Ortega hace un fichaje para Inditex: Zara se ‘culturiza’ y pone a rabiar a la izquierda

La multinacional ha dado un nuevo paso en su modelo empresarial que puede cambiar la filosofía de la firma gallega y dedicar espacio a lo social, gastronómico y cultural

Marta Ortega, en el Patronato de la Galería de las Colecciones Reales en Madrid.GTRES

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Inditex ha vuelto a poner su firma en el mapa urbano de A Coruña con la inauguración de su nuevo Zacaffé, un espacio de cafetería de especialidad integrado en la tienda insignia de Zara en la calle Compostela, frente a la plaza de Mina. La apertura, anunciada para este pasado fin de semana y ejecutada en plena confluencia entre retail y lifestyle, es la última apuesta de la firma por convertir sus tiendas en algo más que puntos de venta: un espacio social, gastronómico e incluso cultural que invita al consumidor a quedarse, a disfrutar de un café —y también de libros, merchandising exclusivo y repostería artesanal— dentro del universo de la marca.

En la práctica, este espacio no es una cafetería más: se presenta como el segundo Zacaffé permanente en España tras el de Madrid, y se ubica en un local remodelado —con entrada independiente— que refuerza la idea de que Inditex quiere ser algo más que simple moda. Es una experiencia integral de consumo: moda, café y estilo de vida bajo el mismo paraguas.

Pero no todos ven con buenos ojos esta metamorfosis del retail textil en retail “vivencial”. En A Coruña, donde Inditex nació y donde aún conserva su sede central, la llegada de este nuevo concepto ha levantado las primeras protestas públicas de parte de la izquierda gallega, con especial fijación contra Marta Ortega, Amancio y toda la familia, que no han tardado en colocar en cuestión el impacto de este tipo de “innovación” en el tejido comercial local.

Tal y cómo ha comprobado ESdiario, críticos y representantes de colectivos progresistas argumentan que la expansión de un gigante global como Inditex hacia espacios que tradicionalmente ocupan negocios más pequeños —cafeterías, obradores artesanales o negocios familiares— no solo intensifica su presencia comercial, sino que compite de manera desleal con los pequeños comerciantes. Plantean que, aunque Zacaffé no sea estrictamente una tienda de ropa, su inserción en el corazón del comercio urbano —junto con una marca que hoy controla una gigantesca parte del mercado textil mundial— eclipsa negocios locales que no cuentan con la capacidad económica ni el poder de atracción mediática que tiene Inditex.

Los detractores señalan que la apertura de Zacaffé coincide con una sensación creciente de saturación comercial en las ciudades gallegas, donde alternativas independientes y pequeños cafés ven cómo los grandes grupos encarecen alquileres, arrastran clientela y absorben la atención del público, en detrimento de ese comercio de proximidad que siempre ha sido un pilar de la economía local. Aunque estas protestas no han tenido aún manifestaciones masivas, su aparición pública —especialmente en redes sociales y foros locales— es indicativa de una fractura entre la narrativa corporativa de Inditex y la percepción de parte de la sociedad sobre el modelo de expansión del grupo.

Esta tensión pone de manifiesto una paradoja: mientras Inditex, bajo la presidencia no ejecutiva de Marta Ortega, busca consolidar su evolución hacia un modelo de retail más experiencial y centrado en “estilo de vida”, otra parte de la sociedad percibe ese movimiento como una ofensiva más del gigante textil contra la economía local y los pequeños emprendedores, una batalla que trasciende el café y la moda para tocar fibras más profundas sobre identidad económica, poder corporativo y futuro urbano.

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En este contexto, el nuevo Zacaffé de A Coruña se perfila no solo como un proyecto gastronómico y de marca, sino como un símbolo de la tensión entre la globalización comercial y la preservación del comercio local, un debate que podría intensificarse si otras grandes firmas siguen el mismo camino