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Amancio Ortega y la crisis de la portuguesa Polopiqué: Inditex reclama 12 M en la debacle textil

Polopiqué, una textil portuguesa fundada en 1996, enfrenta una crisis con deudas superiores a 66 millones de euros, afectando a acreedores como Inditex y bancos. Mientras los trabajadores sufren, grandes acreedores como Inditex tienen garantías para recuperar parte de sus fondos.

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David González
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La debacle de Polopiqué, una textil portuguesa fundada en 1996 en Santo Tirso, ha sacudido el panorama industrial. La empresa, agobiada por deudas millonarias, lucha por evitar el colapso. Más allá de las cifras, el drama se refleja en fábricas cerradas, protestas callejeras y cientos de trabajadores con un futuro incierto.

Entre los acreedores figuran nombres de peso como Inditex, con 12,6 millones de euros por cobrar, y bancos como Abanca, asociada a una deuda de 3,9 millones. Mientras tanto, más de 270 familias esperan claridad sobre su porvenir. El balance provisional de deudas supera los 66 millones de euros, con el Banco Comercial Portugués (BCP) liderando las reclamaciones con más de 14 millones, seguido por la Caixa Geral de Depósitos con 6,5 millones y otras entidades con montos menores.

Inditex destaca por sus 12,6 millones, ligados a anticipos de contratos que se remontan a 2022 y a operaciones más recientes. Lo que en su día fue un respaldo para la producción, hoy se ha convertido en una carga insoportable. La situación de Abanca es menos clara, ya que algunos registros atribuyen su deuda de 3,9 millones a Eurobic, evidenciando la fuerte implicación del sector bancario en la crisis de Polopiqué.

Un emblema del textil portugués

Polopiqué comenzó como un negocio familiar y creció hasta convertirse en un pilar del textil portugués. Con plantas en Santo Tirso, Vizela y Moreira de Cónegos, empleó a miles de personas y abarcó desde el hilado hasta la distribución. Su modelo integrado le permitió trabajar con marcas globales de renombre, ofreciendo calidad y agilidad en un mercado exigente. Durante años, fue un ejemplo de éxito y dinamismo.

Sin embargo, el panorama cambió drásticamente. La crisis energética, el encarecimiento de insumos y la feroz competencia internacional golpearon sin piedad. En 2024, varias de sus unidades comenzaron a registrar pérdidas, y la falta de liquidez llevó a depender de préstamos y anticipos. Esta dinámica desembocó en una deuda imposible de sostener.

Detrás de las cifras están las historias personales. El plan de reestructuración implica clausurar dos fábricas y despedir a 274 empleados, muchos de los cuales llevan meses sin recibir sus salarios ni las compensaciones por vacaciones. En septiembre, decenas de trabajadores se manifestaron frente a una planta en Santo Tirso, exigiendo no solo sus pagos, sino también los documentos necesarios para acceder a subsidios por desempleo. La indignación es evidente.

Para gigantes como Inditex y los bancos, la situación es menos crítica. Su posición privilegiada en el proceso de reestructuración les permite contar con garantías contractuales que aseguran recuperar gran parte de sus fondos, a pesar de posibles pérdidas. 

Un impacto que trasciende

El cierre de fábricas no solo afecta a los empleados despedidos, sino que sacude la economía del distrito de Oporto. Negocios locales, talleres y proveedores que dependían de Polopiqué enfrentan una caída en su actividad, alimentando el temor a un aumento del desempleo industrial. El sector textil portugués, que había resurgido tras los difíciles años 2000, ve ahora amenazada su estabilidad con la caída de un actor clave como Polopiqué.

Empresa portuguesa Polopiqué.

Empresa portuguesa Polopiqué.Redes

En esta crisis, las consecuencias no se reparten por igual. Polopiqué, antaño un símbolo de innovación, enfrenta un futuro sombrío y una reputación dañada. Los trabajadores son los más perjudicados, enfrentando el desempleo y la incertidumbre tras años de esfuerzo. En contraste, los grandes acreedores como Inditex y los bancos cuentan con mecanismos para proteger sus intereses, asegurando, en gran medida, la recuperación de sus inversiones.

Esta disparidad deja un regusto amargo. La industria textil portuguesa pierde un referente, cientos de familias se enfrentan a la precariedad, mientras las multinacionales y entidades financieras, con sus contratos como escudo, logran minimizar el impacto de la crisis.

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