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La ‘mirada asesina’ de la Reina Letizia a Pedro Sánchez causa estragos en Moncloa

Los Reyes se reencontraron con el presidente del Gobierno con motivo de los actos conmemorativos de la Constitución de 1978. Pero la noticia no está precisamente en la longevidad de la Carta Magna…

Felipe VI, Doña Letizia, Francina Armengol y Pedro Sánchez.

Felipe VI, Doña Letizia, Francina Armengol y Pedro Sánchez.GTRES

David Lozano
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La conmemoración de la Constitución Española como la más longeva de nuestra historia estaba llamada a ser una foto de unidad institucional, un gesto solemne de concordia entre los poderes del Estado. Pero, como suele ocurrir en la política española, los gestos dicen más que los discursos. Y en los pasillos del Congreso, la sensación fue clara: la relación entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la Corona atraviesa uno de sus momentos más fríos.

Los Reyes Felipe VI y Letizia acudieron al Congreso de los Diputados para participar en los actos institucionales con motivo del aniversario de la Carta Magna de 1978, un texto que simboliza el consenso nacional y la arquitectura democrática del país. Allí se produjo el reencuentro con el presidente del Gobierno, en un acto cargado de simbolismo político. Sin embargo, la imagen pública de cordialidad no logró ocultar la tensión subyacente.

Según ha podido saber ESdiario, una mirada especialmente seria de la Reina Letizia hacia Pedro Sánchez fue comentada en los corrillos parlamentarios y en los pasillos del Congreso. Un gesto breve, pero significativo, que fue interpretado por varios asistentes como la confirmación de la frialdad entre Zarzuela y La Moncloa. Una frialdad que, lejos de disiparse, parece consolidarse en los últimos meses.

El acto institucional sirvió para recordar la importancia histórica de la Constitución de 1978, presentada como el proyecto de consenso que permitió la transición democrática y el desarrollo de un país de derechos y libertades. Sin embargo, el contexto político actual dista mucho del espíritu de consenso que evocaban los discursos oficiales.

Fuentes presentes en el Congreso aseguran que el ambiente fue correcto en lo protocolario, pero distante en lo humano. Los saludos fueron medidos, las conversaciones escuetas y las sonrisas, más bien forzadas. En ese contexto, la expresión seria de la Reina Letizia hacia el presidente fue interpretada como un reflejo del malestar acumulado entre la Casa Real y el Ejecutivo.

No es la primera vez que se perciben tensiones entre ambas instituciones. La política de Sánchez hacia la Monarquía, su dependencia parlamentaria de fuerzas republicanas y su estrategia de comunicación han generado incomodidad en Zarzuela, que observa con preocupación el deterioro del respeto institucional hacia la Corona.

El episodio más revelador llegó durante la visita a la exposición fotográfica “La Constitución Española de 1978: Nuestra Constitución más longeva. Un proyecto, un consenso, un país de derechos y libertades”, organizada junto al Ministerio de la Presidencia y la Agencia EFE. En un gesto que llamó poderosamente la atención, Sánchez no acompañó a los Reyes durante el recorrido.

En su lugar, fue el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, quien ejerció de anfitrión institucional. Un detalle aparentemente menor, pero cargado de simbolismo político. En los entornos de Zarzuela se interpretó como una confirmación de la distancia entre el presidente del Gobierno y la Jefatura del Estado.

Para Moncloa, sin embargo, la escena fue incómoda. La imagen de Sánchez descolgado del recorrido junto a los Reyes alimenta la percepción de un presidente distanciado de la Corona, justo en un momento en que su Gobierno depende de fuerzas que cuestionan abiertamente la Monarquía parlamentaria.

Según fuentes políticas, la frialdad de Letizia no ha pasado desapercibida en el entorno de Sánchez. En Moncloa preocupa especialmente la lectura simbólica de estos gestos, en un país donde la imagen institucional sigue siendo clave. La Reina Letizia, que cuida con extremo detalle su comunicación no verbal, no suele dejar nada al azar. Y por eso, su gesto serio fue interpretado como algo más que una mera casualidad.

En Zarzuela, por su parte, se insiste en la neutralidad política de la Corona, pero se reconoce en privado el cansancio por el uso político de la institución y por las constantes tensiones con un Gobierno que coquetea con el discurso republicano mientras mantiene la Monarquía como pilar constitucional.

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