Sonsoles destrozada, desolación total y el papel de Doña Letizia en el adiós de Fernando Ónega
La muerte del comunicador ha conmocionado no sólo a la profesión periodística sino también a España entera. La Casa Real no ha sido una excepción por una relación muy especial con la Reina.

Sonsoles Ónega, llega este miércoles al funeral de su padre.
Eran lágrimas que no podían ocultarse, convulsas como las de quien siente que una parte de su historia se ha ido para siempre. En el tanatorio de Madrid, entre coronas de flores y caras conocidas, Sonsoles Ónega no pudo contener el desgarro: la muerte de su padre, Fernando Ónega, no fue una noticia más ni un titular más en su biografía. Fue un baldón de ausencia que desató en ella un llanto de desolación que pocos han visto y que muchos recordarán.
Para quienes conocían a Fernando, la escena no sorprendió: su figura, elegante y discreta a la vez, era la de un hombre que marcó varias décadas de la comunicación en España. Periodista, narrador, voz profunda en tantos debates televisivos, Ónega fue, ante todo, un padre. Y el contraste entre su figura firme en platós y estudios, y la imagen de Sonsoles, temblando entre sollozos, fue una de las estampas más crudas del día.
Era inevitable que así fuera: para ella, él no era solo un referente profesional, sino el sostén silencioso de muchos de sus pasos; el hombre que, en más de una ocasión, fue su mayor fan y su crítico más constructivo. Y verlo por última vez, en ese pasillo de despedidas encubiertas por el murmullo de condolencias, rompió algo irrecuperable en su ánimo.
No es fácil escribir sobre el llanto de una mujer pública sin cruzar la línea del morbo. Pero lo que se vivió allí no tenía nada que ver con la exposición mediática: era el quebranto puro de una hija que pierde a su padre. La cámara quizá lo captó, la prensa lo difundió, pero lo que ocurrió en ese instante fue algo íntimo, elemental, humano. La desolación de Sonsoles era transparente porque no pretendía esconderse: era, simplemente, el peso de la ausencia.
Y mientras los flashes recogían la escena —su marido, sus hermanos, amigos y colegas con semblante serio— la pregunta que flotaba en el aire era la misma que late en todos los corazones cuando se enfrenta a la muerte de un ser querido: no se trata solo de recordar a quien se ha ido, sino de imaginar cómo seguir sin él. También estaban destrozados sus hermanos, Cristina y Fernando y, sobre todo, su madre y esposa del fallecido, Ángela Rodrigo.
Y en medio de esta conmoción, su figura no solo ha sido recordada por su legado profesional, sino también por la relación especial que mantenía con la Reina Letizia —una conexión que ahora cobra nueva dimensión ante la ausencia del veterano periodista.
Hace menos de un año, en mayo de 2025, durante la ceremonia de entrega de los Premios de la Asociación de la Prensa de Madrid, se vivió un momento que pocos olvidarán: Letizia abrazó con sinceridad a Ónega al entregarle el Premio APM de Honor, un gesto cálido que rompió con la contención habitual de los actos institucionales.
Ese abrazo no fue un simple saludo protocolario. Fue la confirmación pública de un vínculo profundo entre dos profesionales que se respetaban más allá de sus roles oficiales: ella, que antes de convertirse en Reina fue colega y admiradora del oficio periodístico que Ónega personificó; él, que en numerosas ocasiones reconoció el rigor y la trayectoria de Letizia como periodista antes de su vida en la Corona.
En aquella escena, con el Rey Felipe VI sonriendo al fondo, quedó claro que la relación entre la Reina y el periodista trascendía los papeles y los discursos: hablaba de cariño, de admiración mutua y de una complicidad humana que hoy resuena con más fuerza ante su fallecimiento.
Visita sorpresa de Doña Letizia a la capilla ardiente
A pesar de que no estaba previsto en su agenda oficial, la Reina Letizia no ha dudado en asistir este miércoles a la capilla ardiente del periodista Fernando Ónega en la Casa de Galicia de Madrid.
Vestida de riguroso luto, la Reina ha atendido a los medios a su llegada para rendir homenaje a Fernando Ónega como periodista, y padre de su amiga: "Venía ahora con Marta (Carazo, la jefa de la Casa de S.M. la Reina) en el coche pensando que todos los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Información en aquellos años 90 teníamos a Fernando Ónega como un hombre inalcanzable, un profesional al que todos nos queríamos parecer. Fernando Ónega me ha acompañado toda la vida porque la radio ha estado en mi casa toda la vida".

Doña Letizia llega a la capilla ardiente por Ónega en la Casa de Galicia de Madrid.
"Digo tiene sentido estar aquí honrando hoy a Fernando primero porque vengo a dar un abrazo a mi amiga por la muerte de su padre; segundo porque es una manera de reconocer una profesión, el periodismo, un medio, la radio, y a profesional artesano que es Fernando Ónega" ha expresado conmovida.
Antes de acceder al velatorio, Doña Letizia ha citado unas palabras de Carlos Alsina, "que esta mañana decía que todo lo que se hacía en la radio ya lo había hecho antes Fernando. A Alsina le decía hace muy pocos años que él era un trabajador incansable, así que descanse ya tranquilo Fernando Ónega". "Y ahora voy a darle un abrazo a Sonsoles y a la familia. Muchísimas gracias" ha concluido.