Zarzuela sufre un serio y nuevo problema: ¿Qué está pasando con la Familia Real?

Congelada. La información de los Reyes Felipe y Letizia y la de sus dos hijas -Leonor y Sofía- no se está actualizando en el portal digital de la Casa Real.

Los Reyes Felipe y Letizia, La Reina Sofía junto a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía,Europa Press

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Hay silencios que no son ausencia, sino estrategia, y el que ahora rodea a la web oficial de la Casa del Rey encaja perfectamente en esa categoría. No es un descuido técnico ni una simple falta de actualización: es una pausa deliberada en un terreno donde, precisamente, detenerse tiene consecuencias.

En las últimas semanas se ha hecho evidente que el portal institucional ha dejado de evolucionar, con secciones desactualizadas y una actividad reducida prácticamente a la publicación de actos oficiales, como si se hubiera convertido en un simple tablón informativo sin profundidad ni contexto.

Pero, tal y como explica el portal Monarquía Confidencial, esa aparente dejadez esconde una decisión mucho más calculada: en el Palacio de la Zarzuela han optado por congelar el presente para preparar el futuro.La clave está en el calendario. Todo apunta a que la Casa Real trabaja ya en una nueva plataforma digital que verá la luz en junio, coincidiendo con el final del contrato actual de mantenimiento, lo que explica este paréntesis en el que lo existente se mantiene, pero no se desarrolla.

Es, en esencia, una transición. El problema es que en comunicación institucional las transiciones no son neutras. El vacío no se percibe como espera, sino como ausencia, y esa ausencia proyecta una imagen que choca con el esfuerzo que la Corona lleva años haciendo por transmitir cercanía y modernidad. Porque no se trata solo de tener presencia digital, sino de construir relato, de explicar quiénes son y qué hacen en un lenguaje que conecte con la ciudadanía.

Ahí es donde esta pausa se vuelve incómoda. Mientras otras monarquías han entendido que el espacio digital es hoy el principal canal de legitimación pública, la española parece asumir el riesgo de desaparecer momentáneamente de ese terreno para reorganizarse. Poco o nada vemos de los Reyes Felipe VI o de Doña Letizia y menos todavía de la Princesa Leonor y de la Infanta Sofía. Es una decisión coherente con su estilo, prudente y controlado, pero también es una apuesta que deja un margen peligroso: el de permitir que, durante ese tiempo, la institución pierda capacidad de narrarse a sí misma. Porque cuando una institución deja de explicarse, otros ocupan ese espacio.

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El nuevo portal promete corregir las carencias actuales, mejorar la navegación, adaptarse a los estándares tecnológicos y reforzar esa idea de cercanía que ahora mismo no termina de consolidarse. Pero el desafío no está solo en lo que vendrá, sino en lo que ocurre mientras tanto. Porque en este tiempo suspendido, en el que la web oficial ha dejado de ofrecer algo más que lo imprescindible, la sensación que queda es la de una institución que se ha detenido en mitad de un entorno que no se detiene nunca. Y en comunicación, detenerse no es quedarse quieto: es retroceder sin querer hacerlo.