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Duras críticas internas en Casa Real por la política de los Reyes Felipe y Letizia con Leonor

La privacidad impuesta por Zarzuela sobre la Princesa genera un debate interno en Palacio. Muchas voces la consideran “excesiva” y la cuestionan porque choca con su papel institucional

El Rey Felipe, Doña Letizia y la Princesa Leonor, en la Pascua Militar.

El Rey Felipe, Doña Letizia y la Princesa Leonor, en la Pascua Militar.Diego Radamés/POOL

David Lozano
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Algo no encaja en el Palacio de la Zarzuela. Y lo más significativo es que esa sensación ya no se queda en comentarios aislados ni en murmullos de pasillo, sino que empieza a tomar forma como una crítica reconocible dentro del propio entorno de la Casa del Rey. La gestión de la imagen pública de Leonor de Borbón ha abierto una grieta interna que va más allá de lo comunicativo y entra de lleno en el terreno estratégico.

Lo que en un primer momento se planteó como una protección lógica —discreción, control, exposición mínima— está empezando a percibirse como un exceso. La reciente difusión puntual de una imagen, tal y como les anticipaba ESdiario, de la heredera en el Juan Sebastián de Elcano, en contraste con la ausencia de muchas otras durante una etapa clave de su formación militar, ha actuado como detonante de un malestar que venía gestándose desde hace tiempo. Porque el problema, según esas voces internas, no es una fotografía concreta, sino el silencio que la rodea.

En ese contexto, tal y como explica Monarquía Confidencial, empieza a repetirse una idea incómoda: “se están equivocando”. No es una crítica menor ni superficial, sino un cuestionamiento directo a la estrategia que se está aplicando con la futura Reina. La tesis es clara: el intento de blindar su privacidad choca con su condición institucional. La Princesa Leonor ya no puede construirse desde la ausencia ni desde una presencia tan limitada que apenas permite generar relato. Su formación exige visibilidad, continuidad y un cierto grado de pedagogía pública que explique quién es y qué representa.

Sin embargo, los Reyes han optado por un modelo restrictivo, en el que solo se difunden imágenes o informaciones cuando se considera que existe un “hito comunicativo”. El resto queda fuera del foco. Y ese vacío, según apuntan algunos sectores internos, no protege tanto como se pretende, sino que debilita el control del relato. Porque el interés por la figura de la heredera no desaparece, sino que se desplaza hacia otros canales menos controlados.

Aunque no se formule abiertamente, en Zarzuela existe plena conciencia de que esta línea responde a una decisión tomada en el núcleo más cercano de la Familia Real. La defensa de una privacidad férrea ha sido una constante en la posición de Doña Letizia, respaldada por el Rey Felipe VI dentro de una concepción del reinado marcada por la prudencia y el control. El objetivo es evidente: evitar errores, exposiciones innecesarias o situaciones que puedan derivar en polémica.

El problema, según esas mismas voces, es que esa lógica puede estar llevándose demasiado lejos. La paradoja es evidente: mientras se reduce al mínimo la presencia oficial de Leonor, su relevancia pública no deja de crecer. Y en ese desajuste entre demanda de información y oferta institucional es donde surgen los riesgos. Porque cuando la institución no llena ese espacio, otros lo hacen.

La crítica, en el fondo, no se dirige a un equipo de comunicación ni a una decisión puntual. Apunta más arriba. La gestión de la imagen de la heredera es una cuestión que depende directamente de los Reyes, lo que convierte cualquier cuestionamiento en un asunto especialmente delicado dentro de Casa Real.

Zarzuela se enfrenta a un dilema que no es nuevo, pero que ahora se plantea con mayor intensidad: hasta qué punto se puede proteger a la heredera como persona sin debilitar su construcción como futura jefa del Estado. La experiencia demuestra que la sobreexposición tiene costes, pero también que la ausencia prolongada puede generar incertidumbre y pérdida de control.

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