El Rey Felipe se enfrenta a Pedro Sánchez y arruina su cita con Lula, Petro y Sheinbaum
Casa Real evita acompañar al presidente a la cumbre ‘en Defensa de la Democracia’ al considerar que Moncloa quería implicar políticamente a la Corona. Nuevo choque institucional
Lula da Silva, Pedro Sánchez y Janja Lula da Silva, este sábado en Barcelona.
La escena no admite demasiadas lecturas amables. Tres jefes de Estado de primer nivel —Luiz Inácio Lula da Silva, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro— aterrizan en España para participar en una cumbre internacional en Barcelona, con Pedro Sánchez como anfitrión, y lo hacen en un contexto en el que lo habitual habría sido que el Rey Felipe VI mantuviera algún tipo de encuentro institucional con ellos, aunque fuera en un formato discreto, como ha venido ocurriendo históricamente en visitas de este nivel.
Sin embargo, esta vez no ha sido así, y la clave no está en un problema de agenda ni en una coincidencia desafortunada, sino en una decisión consciente de la propia Casa Real, que optó por no participar en el evento al considerar que no encajaba en el papel de neutralidad que debe preservar la Corona, especialmente cuando se trata de una cita con un marcado perfil ideológico y con una clara alineación política, tal y cómo explican a ESdiario fuentes próximas a Zarzuela.
Ese matiz resulta determinante, porque transforma lo que podría haberse interpretado como una simple ausencia en un gesto institucional de mayor calado, que rompe con la práctica habitual de la política exterior española y que deja en evidencia el malestar de Zarzuela ante lo que se percibía como un intento de Moncloa de implicar al Rey Felipe en un acto que no era, ni de lejos, neutro.
La cumbre, presentada bajo el lema “Defensa de la Democracia”, ha reunido a líderes claramente identificados con la izquierda latinoamericana y ha servido como plataforma para lanzar mensajes políticos muy concretos, incluyendo críticas abiertas a la oposición venezolana representada por María Corina Machado, precisamente en un momento en el que esta se encontraba en España recibiendo respaldo institucional por parte de otras administraciones, lo que añadía aún más complejidad al escenario.
En ese contexto, la pretensión de que Felipe VI participara, aunque fuera tangencialmente, suponía situarle en una posición comprometida que chocaba frontalmente con su papel constitucional, y es ahí donde la Casa Real ha marcado un límite claro, evitando que la Jefatura del Estado quedara asociada a una iniciativa de naturaleza política y evitando, al mismo tiempo, una imagen de alineamiento que habría sido difícil de justificar.
El resultado es una fotografía incompleta, no tanto por la ausencia física del monarca como por lo que simboliza, ya que es la primera vez que tres jefes de Estado de este nivel visitan España en un contexto no privado sin mantener ningún tipo de encuentro con el Rey, un hecho que subraya la distancia creciente entre el Ejecutivo de Pedro Sánchez y la Corona y que pone de manifiesto hasta qué punto determinadas decisiones políticas pueden tensionar los equilibrios institucionales cuando se traspasan ciertas líneas no escritas.