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Chenoa, increpada tras abandonar a su padre: cumpleaños en un centro de acogida

La cantante vuelve a generar polémica por ignorar a su progenitor en su 72 aniversario y él suplica, en una entrevista, que le dé “100 o 200 euros mensuales

Chenoa en la Gala del Top 100 Women en Madrid el 13 de marzo.

Chenoa en la Gala del Top 100 Women en Madrid el 13 de marzo.GTRES

David Lozano
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A veces, las historias familiares no se rompen de golpe. Se desgastan. Se van llenando de silencios hasta que un día, sin necesidad de grandes declaraciones, todo queda dicho precisamente porque ya no se dice nada. En el caso de Chenoa y su padre, ese silencio vuelve a hacerse visible en un momento que debería ser íntimo, casi sagrado: un cumpleaños.

José Carlos Corradini ha cumplido 72 años lejos de cualquier foco, en un centro de acogida en Buenos Aires. Un lugar donde la vida no se mide en titulares, sino en lo esencial: un techo, comida, una rutina modesta que sustituye a todo lo demás.

Tal y como recoge el diario La Razón, allí celebró su aniversario acompañado únicamente por algunos compañeros de habitación, sin llamadas, sin mensajes, sin ese gesto mínimo que, en otros contextos, pasa desapercibido pero aquí pesa más que cualquier palabra. Y las declaraciones del padre, que describen algo parecido al abandono, han provocado reacciones bastante negativas contra la cantante en distintas redes sociales. 

No es la primera vez que ocurre. Pero precisamente por eso, porque se repite, el episodio deja de ser anecdótico para convertirse en síntoma. La distancia entre padre e hija no es reciente ni circunstancial. Es una grieta que lleva años abierta y que, lejos de cerrarse, parece haberse instalado en una especie de normalidad incómoda.

Él no habla desde el reproche estridente. Lo hace desde algo más desarmante: la resignación. Reconoce que su vida es sencilla, que se ha adaptado a ese espacio que evita que duerma en la calle, que no busca lujos ni grandes cambios. Pero en medio de esa aceptación aparece una petición que lo dice todo sin necesidad de elevar el tono: una ayuda mínima, cien o doscientos euros al mes, que para su hija sería irrelevante y que para él supondría una diferencia real.

Ahí es donde la historia se vuelve incómoda. Porque no se trata solo de dinero. Se trata de lo que ese gesto representaría: reconocimiento, vínculo, memoria compartida. Algo que, según su propio testimonio, se ha ido diluyendo hasta desaparecer.

Y, sin embargo, el padre de Chenoa no habla de rencor. Insiste en que no lo siente, que huye de los conflictos, que sigue queriendo a su hija “desde miles de kilómetros de distancia”. Esa frase, sencilla y casi ingenua, es la que termina de dibujar el conflicto en toda su crudeza. Porque mientras una parte sostiene el hilo, la otra parece haber decidido soltarlo por completo.

La polémica, por eso, no estalla: reaparece. Como algo que nunca terminó de resolverse. Como una historia que se reactiva cada vez que un detalle —un cumpleaños, una declaración, una ausencia— vuelve a ponerla delante de todos.

Y quizá ahí está lo más difícil de encajar. No en la distancia en sí, sino en su persistencia. En esa forma de ruptura que no hace ruido, pero que tampoco encuentra nunca un camino de regreso.

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