Tensión jamás vista entre el Rey Felipe y Pedro Sánchez por la imputación de Zapatero
La caprichosa casualidad reunía en Palacio al jefe del Estado y parte del Gobierno y las caras largas provocaron un choque institucional sin precedentes
El Rey Felipe VI y Pedro Sánchez, este pasado martes en La Zarzuela.
La Zarzuela vivió este martes uno de esos días que terminan entrando en la pequeña historia política de España. Y no precisamente por la reforma constitucional que Felipe VI sancionaba solemnemente junto a Pedro Sánchez y la cúpula institucional del Estado. Lo que convirtió el acto en un episodio incómodo, casi irrespirable por momentos, fue la noticia que irrumpió como una bomba en mitad del protocolo: la imputación judicial del ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
En el momento en que saltó la noticia compartían espacio con Sánchez la presidenta del Congreso Francina Armengol el presidente del Senado Pedro Rollán el presidente del Tribunal Constitucional Cándido Conde Pumpido y la presidenta del Tribunal Supremo María Isabel Perelló.
Tal y como recoge el portal Monarquía Confidencial, las caras largas fueron inmediatas. También los silencios. En los pasillos del Palacio de la Zarzuela nadie ocultaba el impacto de una noticia inédita en democracia: la primera imputación penal de un expresidente del Gobierno español. El momento, además, tenía una carga simbólica devastadora. Pedro Sánchez se encontraba precisamente junto al Rey cuando trascendía la decisión judicial.
Según distintas fuentes palaciegas consultadas por ESdiario y otros medios, en la Casa Real existe una preocupación creciente por el deterioro institucional que rodea al Ejecutivo y al PSOE. No tanto por el caso concreto de Zapatero —sobre el que en Zarzuela reina la máxima prudencia— sino por la sensación de que la acumulación de escándalos, investigaciones y sospechas en el entorno del sanchismo amenaza con contaminar todas las instituciones del Estado, incluida la Corona.
La tensión entre Felipe VI y Pedro Sánchez no es nueva. En los últimos años la relación entre ambos ha atravesado episodios de evidente frialdad institucional, especialmente a raíz de decisiones del Gobierno que en Palacio se interpretaron como intentos de utilizar políticamente la imagen de la Corona o de arrastrarla a debates partidistas. Pero lo vivido este martes elevó esa incomodidad a otra dimensión.
Porque la fotografía era demoledora: el jefe del Estado compartiendo escenario con un presidente rodeado de ministros visiblemente tensos mientras se conocía que la Audiencia Nacional imputaba a uno de los grandes referentes políticos y personales del propio Sánchez.
En Zarzuela, cuentan fuentes conocedoras del ambiente interno, causó especial disgusto que un acto concebido para reforzar la imagen institucional de estabilidad quedara sepultado por una noticia judicial de semejante calibre. La preocupación no era únicamente política, sino también reputacional. En la Casa del Rey existe desde hace tiempo una obsesión evidente por blindar a la institución de cualquier sombra derivada de la crispación partidista o de los escándalos que afectan al ecosistema gubernamental.
Y esa sensación de incomodidad quedó reflejada en los gestos. Las imágenes mostraban a un Sánchez serio, incómodo, con conversaciones breves y semblante endurecido. Sus ministros tampoco conseguían ocultar la gravedad del momento. Algunos dirigentes socialistas reconocían ya en privado que la imputación de Rodríguez Zapatero supone “un golpe durísimo al corazón del sanchismo”.
La coincidencia temporal terminó convirtiendo una ceremonia institucional en una escena política cargada de simbolismo. El Rey intentando preservar la neutralidad de la Corona. El presidente tratando de contener una tormenta judicial que amenaza con crecer. Y una Zarzuela cada vez más preocupada por el desgaste institucional que deja la sensación de corrupción permanente instalada alrededor del Gobierno y del PSOE.
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