Un desagradable incidente del Rey Felipe en Canadá causa una aclaración urgente de Zarzuela
Casa Real no ha tenido más remedio que hacer frente a una corriente crítica relacionada con la gestión de la imagen del Jefe del Estado. No está mal dar explicaciones
El Rey Felipe VI y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Ottawa.
La Zarzuela ha tenido que salir al paso. Y eso, tratándose de la Casa del Rey, ya es noticia. Porque en Palacio existe una norma no escrita tan férrea como antigua: cuanto menos se explique, mejor. Sin embargo, el revuelo provocado por los vídeos oficiales de Felipe VI durante su viaje institucional a Canadá ha obligado a la institución a hacer algo inhabitual: aclarar públicamente cómo funciona su maquinaria de comunicación.
El detonante ha sido aparentemente menor, pero revela mucho más de lo que parece. Las imágenes distribuidas por los canales oficiales de Casa Real durante la visita del monarca a Ottawa y Toronto provocaron una oleada de críticas en redes sociales. Vídeos de baja calidad, planos pobres, edición anticuada y una sensación general de improvisación desataron comentarios demoledores entre seguidores habituales de la Corona.
Algunos, tal y como recoge Monarquía Confidencial, usuarios llegaron a calificar la gestión digital de Zarzuela de “pésima” y “completamente desfasada”.Y ahí comenzó el problema.Porque la crítica no se dirigía al Rey. Se dirigía directamente al aparato de comunicación de Zarzuela. En plena era de TikTok, Instagram y la hiperproducción audiovisual institucional, muchos no entendían cómo un viaje de enorme relevancia diplomática terminaba proyectando una imagen técnica casi amateur.
Más aún cuando Felipe VI atraviesa uno de los momentos de mayor exposición internacional de su reinado, en un contexto político interno cada vez más hostil y con una Monarquía sometida al escrutinio permanente.
El malestar escaló tanto que el citado portal especializado consiguió lo impensable: que fuentes oficiales de Zarzuela explicaran cómo se organiza internamente la cobertura audiovisual de los viajes del monarca. Y la respuesta sorprendió incluso dentro del propio entorno institucional.
“Por norma, el responsable de redes sociales no acompaña al Rey en los viajes al extranjero”, confirmaron desde Palacio.
Es decir: mientras Felipe VI desarrolla una intensa agenda diplomática al otro lado del Atlántico, la estrategia digital se coordina desde Madrid. Sobre el terreno solo trabaja el fotógrafo habitual del monarca, encargado tanto de las imágenes oficiales como de grabar los vídeos que posteriormente se editan y distribuyen desde España. Una estructura operativa que Zarzuela considera suficiente, pero que ha quedado en evidencia tras el viaje canadiense.
La explicación, lejos de apagar el incendio, ha multiplicado las preguntas. ¿Cómo puede una institución que representa la Jefatura del Estado seguir funcionando con esquemas comunicativos propios de hace quince años? ¿Quién tomó la decisión de mantener un sistema tan rígido en plena revolución digital? ¿Y por qué Zarzuela ha tenido que justificarse públicamente por algo aparentemente tan menor como unos vídeos?
La respuesta está en el fondo del asunto. La Casa del Rey sabe perfectamente que hoy la batalla institucional también se libra en las redes sociales. Y sabe igualmente que Felipe VI se juega buena parte de su conexión con las nuevas generaciones en ese terreno. El problema es que Zarzuela sigue atrapada entre dos modelos: el de la discreción institucional clásica y el de la comunicación moderna que exige inmediatez, cercanía y capacidad de impacto visual.
Durante décadas, la Corona española controló el relato con férrea disciplina. Pero el ecosistema digital ha dinamitado esas costuras. Ahora cualquier error técnico se viraliza en minutos. Y cualquier sensación de desconexión se convierte automáticamente en munición pública.
Precisamente por eso el episodio canadiense ha generado tanta inquietud interna. Porque el viaje de Felipe VI había sido cuidadosamente diseñado para reforzar su perfil internacional y económico. El Rey mantuvo encuentros empresariales, reivindicó la alianza estratégica entre España y Canadá y lanzó mensajes sobre liderazgo democrático y estabilidad institucional. Sin embargo, gran parte de la conversación digital acabó girando alrededor de unos vídeos mal editados.
Y eso en Zarzuela duele especialmente.
La institución es consciente de que el desgaste reputacional ya no llega únicamente desde el frente político. También aparece desde detalles aparentemente secundarios que terminan construyendo percepción pública. La comunicación de la Corona ya no es solo protocolo, fotografía y telediarios. Es algoritmo, narrativa y lenguaje audiovisual.
Por eso la aclaración oficial tiene más importancia de la que parece. No se trata únicamente de unos vídeos. Se trata de que Zarzuela ha tenido que admitir públicamente que existe un problema de modelo.