Carlos Herrera sobre la boda "secreta" en la que bailó por Sinatra y sevillanas: "Deliciosa"
El locutor de COPE una vez destapado el misterio ha decidido ahondar en detalles de lo más jugosos sobre el evento del que ahora todo el mundo habla en los mentideros rosas.
Carlos Herrera.
La operación hermetismo les duró lo justo. Rocío Crusset y Charlie Schein ya son marido y mujer, después de darse el “sí, quiero” este sábado 30 de mayo en una ceremonia religiosa íntima en Nueva York, rodeados únicamente de familiares y amigos. Una boda discreta… hasta que dejó de serlo apenas unas horas después.
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Porque, aunque la hija de Carlos Herrera y Mariló Montero quería mantener el enlace bajo siete llaves, la propia Rocío decidió romper el silencio: en la madrugada del lunes publicó en redes sociales un carrusel de fotos del día más especial de su vida. Y con esas imágenes llegó el gran secreto revelado: su vestido de novia.
La modelo apostó por un diseño de encaje blanco, con espalda abierta, falda asimétrica (más corta por delante, más larga por detrás, con volantes hechos a mano), escote en uve y manga al codo. Para la ceremonia, lo acompañó con un velo bordado a juego.
El detalle que más ha sorprendido: el vestido lo diseñó la propia Rocío y lo cosió una amiga suya modista, según ha contado Herrera, el único miembro de la familia que se ha pronunciado públicamente.
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La novia completó el look con un moño bajo, zapatos blancos clásicos, pendientes discretos y un ramo bouquet de flores blancas. Cuando se quitó el velo, añadió un adorno floral en el pelo. Elegancia sin estridencias.
En su publicación, Rocío escribió un sencillo “Just married” junto a las fotos. Y mientras tanto, el locutor de COPE daba más detalles en conversación con Vanitatis.
Según sus datos, la boda fue “deliciosa”, celebrada en inglés y español, en una iglesia de los Jesuitas, y con pequeños detalles judíos por parte del padre de Charlie. La madre del novio es católica.
Aunque la boda fue a miles de kilómetros, Rocío no renunció a sus raíces. De hecho, en el restaurante de Park Avenue donde celebraron el convite hubo: Manzanilla de Sanlúcar para brindar, pata de jamón ibérico con su cortadora y vino de Canarias y Rioja.
El orgulloso padrino, Carlos Herrera, confesó además que abrió el baile con su hija al ritmo de Frank Sinatra, antes de lanzarse a bailar una sevillana: “Me sabe a sal”.