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Nueva guerra en la realeza: se reabre el conflicto histórico de los Borbón-Dos Sicilias

Un nuevo choque de comunicados, interpretaciones históricas enfrentadas y hasta el protagonismo mediático de María Carolina de Borbón-Dos Sicilias han reactivado un conflicto que llevaba años contenido.

Pedro de Borbón-Dos Sicilias, con su mujer, Sofía Landaluce, y su hijo Jaime, duque de Noto

Pedro de Borbón-Dos Sicilias, con su mujer, Sofía Landaluce, y su hijo Jaime, duque de NotoGTRES

David González
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La disputa dentro de la Casa de Borbón-Dos Sicilias ha vuelto a encenderse con un intercambio de comunicados que reabre un conflicto histórico que parecía contenido. Las dos ramas familiares, encabezadas por Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Carlos de Borbón-Dos Sicilias, vuelven a enfrentarse por la legitimidad de los títulos dinásticos y el reconocimiento como jefes de la antigua Casa Real del desaparecido Reino de las Dos Sicilias.

Aunque el reino dejó de existir hace más de siglo y medio tras la unificación italiana, el pulso entre ambas líneas continúa vivo, alimentado por interpretaciones opuestas de la historia familiar y por acuerdos que cada rama interpreta a su manera.

El detonante más reciente de la polémica tiene nombre propio: María Carolina de Borbón-Dos Sicilias, hija del duque de Castro, cuyo creciente protagonismo mediático en Francia ha vuelto a colocar la disputa en el foco internacional.

Su relación con Jordan Bardella, el sucesor de Marie Le Pen, ha aumentado la atención de la prensa, especialmente en el país galo, donde algunos medios incluso la han presentado como futura primera dama si el político alcanza la presidencia. Ese nuevo nivel de exposición habría contribuido a reactivar el conflicto sobre el uso del título de duquesa de Calabria, que una rama considera legítimo y la otra rechaza frontalmente.

Dos versiones irreconciliables de la historia

Por un lado, Pedro de Borbón-Dos Sicilias sostiene que existe un reparto claro de títulos basado en el acuerdo de 2014 entre ambas ramas. Según su interpretación, la línea de Calabria conservaría los títulos de Calabria, Noto y Capua, mientras que la rama de Castro mantendría los de Palermo y Capri. Desde esta perspectiva, el uso del título de duquesa de Calabria por parte de María Carolina sería incorrecto.

Además, recuerda que la familia forma parte de un mismo tronco dinástico, aunque dividido en dos líneas: la mayor, representada por los Calabria, y la menor, por los Castro.

Sin embargo, desde el entorno de Carlos de Borbón-Dos Sicilias la lectura es completamente distinta. Defienden que el origen del conflicto real está en el llamado Acta de Cannes de 1900, cuando un antepasado de la rama española habría renunciado a sus derechos dinásticos al integrarse en la Casa Real de España tras su matrimonio con la princesa María de las Mercedes, hija de Alfonso XII.

Según esta versión, esa renuncia habría sido definitiva, lo que invalidaría las reclamaciones posteriores de la rama encabezada por Pedro de Borbón-Dos Sicilias. Por ello, consideran que María Carolina puede seguir siendo reconocida como duquesa de Calabria sin contradicción histórica.

María Carolina de Borbón-Dos Sicilias y Jordan Pardella.

María Carolina de Borbón-Dos Sicilias y Jordan Pardella.Archivo

La disputa se arrastra desde 1960, cuando la muerte sin herederos masculinos de Fernando Pío de Borbón-Dos Sicilias reabrió la cuestión sucesoria. Desde entonces, ambas ramas han mantenido posiciones enfrentadas, con interpretaciones incompatibles de los pactos dinásticos. Incluso interviene en el trasfondo histórico la figura de Juan Carlos I, por la conexión de la rama española con la Casa Real.

Lo que durante décadas se mantuvo como un debate casi exclusivo de círculos nobiliarios ha saltado de nuevo a la actualidad mediática. El crecimiento del perfil público de María Carolina y su exposición internacional han convertido este viejo conflicto dinástico en un asunto de interés más allá de la aristocracia.

Mientras una parte insiste en cerrar el debate con base en acuerdos históricos, la otra mantiene su postura sin intención de alimentar más polémica pública. Pero el resultado es claro: la guerra de los Borbones-Dos Sicilias está lejos de terminar… y vuelve a ocupar titulares.

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