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Kiko Rivera se venga de Irene Rosales tomando una decisión que afecta directamente al bienestar de sus hijas

Cuando sorprendieron a todos con su ruptura, y como suele ser habitual entre famosos, todo era amabilidad y buen rollo por el bien de las menores. Para el dj esto podría haber dejado de ser prioritario.

Kiko Rivera ha cortado toda comunicación con su ex y madre de sus hijas, Irene Rosales.

Kiko Rivera ha cortado toda comunicación con su ex y madre de sus hijas, Irene Rosales.

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La guerra entre Kiko Rivera e Irene Rosales ha alcanzado un punto de no retorno. Lo que empezó como un cruce de pullas en redes y platós ha terminado convirtiéndose en un conflicto abierto que ya no solo afecta a la expareja, sino también (y de forma directa) al día a día de sus hijas en común, Ana y Carlota. Las mismas por las que en un principio, cuando se conoció que se separaban, iban a mantener la cordialidad y el buen rollo. Como suelen decir los famosos cuando se acaban de divorciar: lo importante es el bienestar de sus hijos... Pues bien para el dj hijo de Isabel Pantoja esto ha dejado de ser prioritario después del cabreo que se ha pillado con su exmujer.

La chispa que ha detonado esta nueva fase del enfrentamiento ha sido la campaña publicitaria de una conocida marca de frutos secos protagonizada por Irene, cuyo eslogan (“un mix con un mal kiko es un mal mix”) ya es legendario y se interpretó como un juego de palabras evidente hacia el DJ. Una broma comercial que, lejos de hacer gracia, ha provocado la reacción más dura de Kiko hasta la fecha.

Implacable, Rivera respondió con un comunicado demoledor en Instagram, recordándole a su exmujer que la vida que tiene es gracias a “haberse comido un Kiko”. Y fue más allá: “Recuerda de dónde venías. Hay un antes y un después que todo el mundo conoce perfectamente. Solo hay que mirarte”. Un mensaje que culminó con un ataque directo a su capacidad intelectual: “La pobrecita no piensa. La cabeza no le da para más”, llegó a decir en un gesto de dudoso gusto, rematando con un dardo especialmente hiriente: “Yo por lo menos tengo una madre”.

Rosales, lejos de recular, respondió con la misma contundencia: además de “comerse un kiko”, también se comió “ser la cornuda de España”. Una frase que terminó de incendiar la situación.

Pero el golpe definitivo lo ha dado Kiko. Según reveló Luis Pliego, director de Lecturas, en El tiempo justo, el cantante de Quítate el top ha bloqueado a su exmujer en redes sociales y en WhatsApp, cortando cualquier vía de comunicación directa entre ellos. Un gesto que, más allá del simbolismo, parece tener consecuencias reales: ¿todo lo relativo a sus hijas debe gestionarse ahora exclusivamente a través de abogados?

Y es aquí donde la decisión de Kiko deja de ser una simple venganza y pasa a tener un impacto directo en el bienestar de las pequeñas. Con la comunicación entre los padres completamente rota, cualquier asunto cotidiano (desde un cambio de horario escolar hasta una urgencia médica) queda atrapado en un circuito que ralentiza y dificulta la vida diaria de las niñas. Una situación que, según fuentes del entorno, podría complicarse aún más si la tensión continúa escalando.

Kiko está “enfadadísimo” porque Irene no le avisó de la campaña de frutos secos. Pero lo cierto es que, aunque hubiese querido hacerlo, no tenía manera de comunicarse con él, porque él mismo había cerrado todas las puertas. Una contradicción que evidencia que la relación está totalmente rota y que la guerra entre ambos no ha hecho más que empezar.

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