El Emérito va a lo suyo: millonario y lujoso patrocinio ante la impotencia de Casa Real
La tripulación delBribón está de enhorabuena gracias a la influencia de Don Juan Carlos y un nuevo aliado que deja al equipo blindado económicamente

El Rey Emérito en Sanxenxo, este pasado mes de junio.
La relación entre la Casa del Rey y Juan Carlos I hace tiempo que quedó reducida a una máxima que en Zarzuela asumen ya con absoluta resignación: el Rey Emérito toma sus propias decisiones y nadie en Palacio tiene capacidad para influir en ellas.
Esa es la realidad con la que convive Felipe VI desde hace años y que vuelve a quedar patente tras conocerse el último movimiento del padre del Monarca, que ha encontrado un nuevo patrocinador para el Bribón antes de disputar el Campeonato de Europa de la clase 6 Metros en aguas del lago Lemán, en Suiza.
Según Monarquía Confidencial, el histórico velero lucirá como patrocinador exclusivo a la firma viguesa Joyería Suiza, que acompañará al equipo tanto en la competición continental como en el resto de compromisos deportivos previstos durante la temporada. Se trata, en realidad, de una noticia positiva desde el punto de vista deportivo, ya que cualquier embarcación que compite al máximo nivel necesita financiación privada para sostener un proyecto cuyos costes son elevados y cuya continuidad depende, en buena medida, del respaldo empresarial.
Sin embargo, el problema para Zarzuela nunca ha sido la vela ni el patrocinio en sí mismo, sino el inevitable foco que vuelve a situarse sobre Juan Carlos I cada vez que alrededor de su figura aparecen iniciativas con repercusión económica. En la Casa del Rey existe la convicción de que el Emérito tiene perfecto derecho a desarrollar su vida privada como considere oportuno, pero también son conscientes de que cualquier movimiento suyo acaba proyectándose sobre la institución, aunque Felipe VI no tenga absolutamente nada que ver con esas decisiones.
Es precisamente ahí donde aparece esa mezcla de resignación e impotencia que desde hace tiempo define la posición de Zarzuela respecto al anterior jefe del Estado. Nadie espera ya que Juan Carlos I consulte sus pasos con Palacio ni adapte su agenda a los intereses de la Corona. La estrategia pasa, sencillamente, por mantener la mayor distancia posible y dejar claro que todas las actividades del Emérito pertenecen exclusivamente al ámbito privado.
El problema es que esa separación resulta mucho más sencilla sobre el papel que en la práctica. La condición de antiguo jefe del Estado convierte cualquier noticia relacionada con Juan Carlos I en un asunto de enorme repercusión pública y mediática, de manera que resulta imposible evitar que, de una forma u otra, termine afectando también a la imagen de la institución que hoy representa Felipe VI.
En Zarzuela no existe preocupación porque el Bribón encuentre patrocinadores. De hecho, sería absurdo cuestionar que un proyecto deportivo busque financiación privada para competir en las mejores condiciones posibles. Lo que nunca ha terminado de gustar en Palacio es que el nombre del Rey Emérito vuelva a aparecer asociado a operaciones económicas, por modestas o justificadas que sean, después del enorme esfuerzo realizado durante la última década para separar completamente la actividad institucional de cualquier interés patrimonial o empresarial de los miembros de la Familia Real.
Felipe VI convirtió esa línea de actuación en uno de los ejes de su reinado desde mucho antes de que su padre abandonara España en 2020. La transparencia económica, la ejemplaridad y la delimitación entre lo público y lo privado han presidido todas las decisiones adoptadas por la Casa del Rey, precisamente para evitar que se reprodujeran situaciones que pudieran erosionar la credibilidad de la Corona.
Por eso, aunque este acuerdo de patrocinio no tenga nada de irregular y responda exclusivamente a criterios deportivos, en Zarzuela se contempla con la sensación de que vuelve a abrir un debate que la institución lleva años intentando cerrar definitivamente.
Chismógrafo
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