El Emérito se sincera y carga con dureza contra la Infanta Elena
Don Juan Carlos critica la educación recibida por Froilán y reconoce sus noches de fiesta con excesos de todo tipo y peleas:“Estaba abandonado a su suerte”

Juan Carlos I, con las Infantas Elena y Cristina y Felipe Juan Froilán.
El Rey Emérito ha decidido no edulcorar precisamente la etapa más complicada de su nieto Froilán. En sus memorias, Juan Carlos I recuerda con una sinceridad poco habitual aquellos años en los que el hijo mayor de la Infanta Elena se convirtió en protagonista recurrente de la crónica social y, en demasiadas ocasiones, también de la de sucesos. Una época de fiestas, polémicas, peleas y amistades que preocupaba especialmente al entorno familiar. Es una crítica implícita a la Elena de Borbón y a Jaime de Marichalar por la forma de educar a su primogénito.
La confesión del Emérito tiene además un componente personal. Juan Carlos I no habla de Froilán como un observador externo, sino como un abuelo que contemplaba con preocupación cómo uno de sus nietos estaba desperdiciando unas capacidades que, según él mismo reconoce, siempre había tenido. El resultado es un retrato bastante más crudo que el que suele ofrecerse públicamente de aquella etapa.
Lecturas recupera ahora las revelaciones del Emérito sobre Froilán y sus años más turbulentos. Juan Carlos I reconoce que su nieto “iba de fiesta en fiesta, de discoteca en discoteca” y que se veía envuelto en peleas y rodeado de malas compañías. Una sinceridad que llama especialmente la atención porque procede directamente de una de las personas que más terminaría influyendo en el cambio de rumbo del joven.
La frase que probablemente resume mejor la preocupación del abuelo es demoledora: “Estaba abandonado a su suerte. ¡Qué desperdicio!”. No parece una crítica lanzada desde la distancia, sino la expresión de la tristeza de un hombre que veía cómo un joven con posibilidades se estaba metiendo en una dinámica peligrosa.
Juan Carlos I sitúa además el origen de aquella deriva en una combinación de circunstancias familiares y personales. El divorcio de sus padres, la falta de una referencia paterna suficientemente presente —según interpretación del Emérito— y determinados ambientes terminaron llevando a Froilán hacia una vida que preocupaba cada vez más.
Durante aquellos años, además, el nieto mayor del Emérito se convirtió en un personaje habitual de las revistas y programas de televisión. Cada salida nocturna, cada incidente y cada fotografía alimentaban una maquinaria mediática que terminó convirtiendo sus excesos juveniles en una especie de etiqueta permanente.
Y Juan Carlos I reconoce que esa exposición tampoco ayudaba. En sus memorias recuerda que Froilán era perseguido por los paparazzi y que se había convertido en un blanco fácil para las informaciones sobre su comportamiento. La situación llegó hasta el punto de que Felipe VI, entonces todavía Príncipe de Asturias, intervino y llamó a su sobrino para hablar seriamente con él.
Fue precisamente entonces cuando apareció Abu Dabi como posible solución. Juan Carlos I propuso a su nieto trasladarse junto a él, comenzar una nueva vida y alejarse de aquel ambiente. Froilán no aceptó inmediatamente, pero finalmente dio el paso en 2023.
Lo que ocurrió después es, para el Emérito, motivo de enorme satisfacción. Juan Carlos I sostiene que su nieto experimentó una auténtica transformación al instalarse en Emiratos Árabes Unidos. Dejó atrás aquella vida desordenada, comenzó a hacer deporte, cuidó su alimentación y se concentró en su trabajo.
La descripción que hace ahora de esa metamorfosis permite entender hasta qué punto el Emérito se implicó personalmente. No se limitó a ofrecerle alojamiento o una salida de emergencia. Asumió, en cierto modo, el papel de abuelo que intenta reconducir a un nieto que se había quedado sin rumbo.
Y aquí aparece probablemente la parte más emotiva de todo el relato. Juan Carlos I asegura sentirse orgulloso de la evolución de Froilán.
La relación entre ambos se ha estrechado considerablemente desde entonces. Froilán vive cerca de su abuelo en Abu Dabi y ambos comparten comidas, deporte, televisión y conversaciones.
Pero las palabras de Juan Carlos I tienen otra lectura. El Emérito no intenta justificar los excesos de Froilán. Los reconoce. Y precisamente por eso su testimonio resulta tan contundente y crítico con sus padres, su hija Elena y Marichalar.
El Froilán de aquella época y el que hoy vive en Abu Dabi parecen, según el relato de su abuelo, dos personas diferentes.
Chismógrafo
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David Lozano