Airean la intimidad de Marlaska: marido, pelea con su madre, sus casas y patrimonio
El ministro del Interior más repudiado de la historia de la democracia guarda secretos familiares y patrimoniales que ahora ven la luz.
Grande Marlaska, en la Comisión de Interior en el Congreso el viernes.
Fernando Grande-Marlaska es uno de los rostros más reconocibles del Gobierno de Pedro Sánchez. Ministro del Interior desde 2018, su trayectoria pública está sobradamente conocida, pero existe otra faceta mucho menos expuesta: la del hombre que se encuentra detrás del cargo, sus decisiones personales, su relación con su marido, Gorka Arotz, y algunos episodios familiares que terminaron marcando profundamente su vida.
Grande-Marlaska lleva casi tres décadas compartiendo su vida con Gorka Arotz. Su relación comenzó mucho antes de que el magistrado diera el salto definitivo a la política y, con el paso de los años, ambos han construido una vida alejada en buena medida de los focos. Marlaska nunca ha ocultado su homosexualidad, aunque revelar su orientación sexual tuvo para él un coste personal especialmente doloroso.
De hecho, Vozpópuli publica un perfil en el que desvela algunos de los aspectos menos conocidos de la vida privada del ministro. Entre ellos destaca precisamente el episodio familiar que más le marcó: su madre llegó a dejar de hablarle durante seis años después de que Marlaska le confesara que era homosexual y que tenía pareja.
Aquel distanciamiento familiar fue una experiencia especialmente dura para el entonces magistrado. Con el paso del tiempo, sin embargo, la relación pudo recuperarse y ambos terminaron acercando posiciones. Una historia que ayuda a comprender hasta qué punto determinadas decisiones personales tuvieron un impacto profundo en la vida de quien años después acabaría sentado en el Consejo de Ministros.
También existe otro capítulo llamativo relacionado con su vida junto a Gorka Arotz. Marlaska había contemplado la posibilidad de ser padre y llegó a iniciar un proceso de adopción en solitario. Sin embargo, cuando conoció a quien se convertiría en su pareja, terminó renunciando a ese proyecto porque Gorka no quería tener hijos. Una decisión personal que el propio ministro ha explicado en anteriores ocasiones.
Desde entonces, la pareja ha mantenido una relación estable y extraordinariamente longeva para los estándares de la vida pública. Casi treinta años juntos y una convivencia en la que han procurado mantener determinados aspectos de su intimidad al margen del ruido político.
Mucho más conocida es, en cambio, la faceta profesional de Marlaska. Antes de convertirse en uno de los ministros más veteranos de Sánchez, desarrolló una larga carrera judicial. Su nombre adquirió especial notoriedad durante su etapa en la Audiencia Nacional, donde participó en algunos de los procedimientos más relevantes relacionados con el terrorismo de ETA y el crimen organizado.
Su llegada al Gobierno en 2018 supuso un cambio radical de escenario. Desde Interior ha afrontado crisis especialmente delicadas, entre ellas las relacionadas con la inmigración, la seguridad y el funcionamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Precisamente ahora, su nombre vuelve a estar especialmente ligado a la crisis migratoria de Ceuta, después de la llegada masiva de inmigrantes y de la polémica política generada alrededor de la (no) respuesta del Ejecutivo.
En paralelo a su carrera política, el patrimonio y las propiedades del ministro también han despertado interés.
Grande-Marlaska percibe actualmente casi 102.000 euros brutos anuales como ministro del Interior, una cantidad que le sitúa entre los miembros del Gobierno con mayor retribución debido, entre otras circunstancias, a los complementos vinculados a su condición de funcionario. En cuanto a su patrimonio, su declaración de bienes de marzo de 2024 situaba sus inmuebles en torno a los 713.000 euros, mientras que declaraba un pasivo de aproximadamente 89.000 euros y unos 10.000 euros en cuentas bancarias.
Entre sus propiedades figuran un piso en Madrid y una vivienda en Santa María de la Alameda, en la sierra de Guadarrama (Madrid), adquirida en 2009. La evolución de sus declaraciones resulta especialmente llamativa: en 2020 llegó a declarar unos 404.000 euros en su cuenta bancaria, cantidad relacionada con la venta de su anterior vivienda habitual y destinada, según explicó, a una posterior reinversión.