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Un grave error protocolario en el funeral de Harald V denigra públicamente a Doña Letizia

El adiós del monarca noruego ha estado marcado por la presencia de todas las Casas Reales europeas. Todo estaba medido al detalle pero algo ha fallado y precisamente con España.

Los Reyes, Felipe VI y Letizia, en el funeral de Harald V en Oslo.

Los Reyes, Felipe VI y Letizia, en el funeral de Harald V en Oslo.GTRES

David Lozano
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El funeral de Estado del Rey Harald V de Noruega ha reunido en Oslo a buena parte de las grandes casas reales europeas, pero entre el solemne protocolo y la concentración de monarcas se ha producido un detalle que difícilmente podía pasar inadvertido.

Un error con los nombres de los representantes españoles que ha afectado exclusivamente a los Reyes Felipe VI y Letizia. Un fallo aparentemente menor, de esos que en cualquier otro contexto podrían quedar reducidos a una simple anécdota, pero que adquiere una lectura mucho más llamativa cuando se produce precisamente en un acto en el que las dinastías europeas se encuentran, se reconocen y ocupan el lugar que les corresponde en el complejo tablero de las monarquías.

El funeral de Harald ha estado rodeado de un protocolo extraordinariamente cuidado. El monarca noruego falleció el pasado 28 de agosto a los 89 años y este miércoles Oslo ha despedido oficialmente al que durante más de tres décadas fue jefe de Estado. Felipe VI y Letizia han acudido junto a la Reina Sofía, en representación de España, tal y como confirmó oficialmente Zarzuela.

Y se ha producido una grave confusión que se ha producido únicamente con los Reyes de España, no con el resto de las parejas reales presentes en Oslo. En el caso de España se han dado nombre y apellidos de los Reyes y no el nombre de pila y país. Un desliz que, por pequeño que pueda parecer, resulta especialmente inoportuno cuando se trata de identificar correctamente a dos jefes de Estado en una ceremonia que reúne a las principales monarquías del continente.

Porque en el mundo de las Casas Reales los nombres no son un simple nombre. Detrás de ellos están las dinastías, los linajes, los títulos y una tradición que en Europa se remonta, en muchos casos, durante siglos. Felipe VI es un buen ejemplo. Su nombre está unido por vía paterna a los Borbones y por vía materna a una de las grandes ramas de las casas reales europeas. Su apellido y su genealogía remiten a una tradición monárquica que conecta con buena parte del Gotha europeo y que, además, tiene una presencia histórica indiscutible en España.

La lista oficial, con los apellidos únicamente de los Reyes de España.

La lista oficial, con los apellidos únicamente de los Reyes de España.ESDIARIO

La situación de Letizia es radicalmente distinta. Y precisamente ahí es donde el error adquiere una lectura más incómoda desde el punto de vista simbólico. La Reina llegó a la institución desde fuera de las familias aristocráticas y reales europeas. Antes de convertirse en consorte de Felipe VI era una periodista, Letizia Ortiz Rocasolano, con unos apellidos completamente ajenos a las grandes dinastías que durante generaciones han ocupado los tronos europeos. Es decir, su posición actual procede exclusivamente de su matrimonio con el heredero de la Corona.

De ahí que el fallo, aunque formalmente pueda parecer una simple equivocación, termine marcando todavía más esa diferencia. Felipe pertenece por nacimiento a una tradición dinástica; Letizia llegó a ella por matrimonio.

Letizia ha logrado, después de más de dos décadas junto a Felipe, convertirse plenamente en Reina de España y representar al país en los escenarios internacionales más importantes. Su presencia en Oslo junto al Rey y a Doña Sofía no responde a una posición secundaria: es la consorte del jefe del Estado y ocupa el lugar que constitucionalmente le corresponde. 

Pero el episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que acompaña a Letizia desde el mismo día de su compromiso con Felipe: su condición de mujer que llegó a una institución construida históricamente alrededor de apellidos, genealogías y tradiciones familiares. Una circunstancia que no disminuye en absoluto su condición de Reina, pero que explica por qué cualquier detalle relacionado con nombres, títulos o precedencias puede adquirir una dimensión simbólica mucho mayor en su caso.

El error no ha sucedido con ninguno de los soberanos y consortes. La Reina Máxima, por ejemplo, aparecía sin su apellido de soltera, Zorreguieta, al igual que Charlène de Mónaco y Mary de Dinamarca, sin los correspondientes Wittstock y Donaldson.

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