Los objetos privados de la familia Franco que salen a subasta tras abandonar el Pazo de Meirás

La familia Martínez-Bordiú Franco pone a la venta 700 lotes procedentes del Pazo de Meirás: muebles, vajillas, porcelanas, fotografías y otros objetos personales que permanecieron en la residencia familiar.

Pazo de Meirás.Europa Press

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La historia del Pazo de Meirás vuelve a estar de actualidad, aunque esta vez no por una disputa judicial sobre su titularidad, sino por los bienes que durante décadas permanecieron en su interior. La sala Magna Art Auctions, situada en el número 15 de la calle Núñez de Balboa, en Madrid, acogerá los próximos 26 y 27 de octubre una subasta con alrededor de 700 lotes pertenecientes a la familia Martínez-Bordiú Franco.

Entre las piezas que se pondrán a la venta hay pinturas, muebles, objetos ornamentales, porcelanas, cerámicas, vajillas y cristalerías, además de ropa de casa bordada con los distintivos familiares. También aparecen fotografías y cuadros relacionados con la figura de Francisco Franco.

Los objetos pueden contemplarse desde mañana antes de que comience la puja. Todos ellos fueron considerados por la familia como bienes de carácter privado y fueron retirados del Pazo de Meirás cuando el inmueble pasó a manos del Estado.

Según el relato sobre el que se sustenta la operación, la retirada de estas pertenencias contó con el reconocimiento tanto de la Abogacía del Estado como de la Xunta de Galicia, al diferenciarse estos objetos de aquellos elementos considerados parte del propio inmueble.

Del legado de Emilia Pardo Bazán a la residencia de Franco

El Pazo de Meirás arrastra una historia mucho más antigua que su vinculación con la familia Franco. Antes de convertirse en uno de los lugares asociados a la dictadura, la propiedad estuvo vinculada a Emilia Pardo Bazán, una de las grandes figuras de la literatura española.

La relación con Franco comenzó en 1938, cuando el inmueble fue entregado al entonces jefe del Estado mediante una operación promovida en el contexto del régimen y presentada formalmente como una compraventa. El inmueble terminó así en manos de Franco y se convirtió posteriormente en una de sus residencias de verano.

A partir de 1962, además, la superficie de la finca aumentó como consecuencia de distintas expropiaciones forzosas. Décadas después, estos antecedentes serían determinantes en el litigio sobre la verdadera titularidad del inmueble.

La batalla judicial por el Pazo de Meirás

En 2020, un juzgado de A Coruña declaró nula la operación mediante la que se había producido la transmisión original y estableció que el Pazo de Meirás debía pertenecer al Estado.

Magna Art.ORKATZ ARRIAGA MAGUNACELAYA

La familia Franco recurrió aquella decisión, iniciándose un largo recorrido judicial que terminó llegando al Tribunal Supremo. En 2026, el alto tribunal confirmó por unanimidad que el inmueble es propiedad del Estado y rechazó los recursos presentados por los descendientes de Franco.

El conflicto sobre el pazo quedaba así definitivamente separado de la cuestión de los objetos que permanecían en su interior y que la familia consideraba de carácter privado.

700 lotes con parte de la historia familiar

Ahora, esos bienes salen al mercado. Los cerca de 700 lotes reúnen piezas de muy distinta naturaleza y permiten reconstruir parte del ambiente doméstico que rodeó durante décadas a la familia Franco en Meirás.

Carmen Franco, la gran matriarca de la familia.archivo

Mobiliario, piezas de porcelana y cerámica, cristalerías, vajillas, textiles domésticos, fotografías y obras con la imagen de Franco forman parte de un catálogo que previsiblemente despertará interés tanto entre coleccionistas como entre quienes buscan objetos relacionados con la historia reciente de España.

Entre las piezas destacan especialmente aquellas que conservan símbolos, iniciales o referencias a la familia, como la ropa de casa bordada con sus emblemas. La subasta llega además en un momento especialmente significativo para el Pazo de Meirás. Ese mismo año, el Boletín Oficial del Estado publicó su declaración como lugar de memoria, dentro de las medidas destinadas a la reparación moral de las víctimas y a favorecer el uso público del espacio.

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Con el inmueble ya definitivamente en manos del Estado, la subasta de estas pertenencias privadas supone otro capítulo de la historia de Meirás. Esta vez, lejos de los tribunales, serán los coleccionistas y compradores quienes decidirán el destino de los objetos que durante años estuvieron vinculados a una de las propiedades más controvertidas de la historia contemporánea española.