El impensable gesto de la Emérita con Leonor causa profunda conmoción en Zarzuela

La Princesa de Asturias estrenó en Oviedo algo que pertenece a la historia de su abuela. Un préstamo inédito en más de seis décadas que va mucho más allá de una elección de estilo.

La Princesa Leonor y la Reina Sofía, este pasado viernes 23 en Oviedo.GTRES

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La imagen de la Princesa Leonor presidiendo los Premios Princesa de Asturias con unos espectaculares pendientes de rubíes y diamantes podría haber quedado en una simple anécdota de moda. Sin embargo, detrás de las joyas que lució el pasado viernes en el Teatro Campoamor se esconde una historia familiar de enorme valor sentimental, protagonizada por la Reina Sofía y su nieta, llamada a convertirse en la futura Reina de España.

La información sobre el significado de estas joyas es de Mujerhoy, que ha puesto el foco en una pieza histórica del joyero de la Emérita. Pero hay otro detalle que añade una dimensión especial a la historia: según ha podido saber ESdiario, el gesto de Doña Sofía con Leonor ha causado honda conmoción en Zarzuela, donde no ha pasado inadvertido el simbolismo de que la abuela haya permitido a la heredera lucir una joya que había conservado durante más de seis décadas.

No se trata de unos pendientes cualquiera. Las piezas fueron un regalo de la Reina Federica de Grecia a su hija Sofía con motivo de su boda con el entonces Príncipe Juan Carlos, celebrada en Atenas en mayo de 1962. Desde entonces, han formado parte del joyero personal de la Reina Sofía y han acompañado a la Emérita en algunas de las ocasiones más significativas de su trayectoria.

Lo extraordinario es que, según las informaciones publicadas, Doña Sofía nunca había prestado estos pendientes a otro miembro de la familia, ni siquiera a sus hijas, las Infantas Elena y Cristina, o a su nuera, la Reina Letizia. Leonor se ha convertido así en la primera en lucirlos, un detalle que otorga a la elección un significado que trasciende el terreno de la estética.

Joya con historia y gesto cargado de simbolismo

La heredera eligió un vestido de tono grosella firmado por Hannibal Laguna, con una silueta clásica y falda con vuelo. Los pendientes aportaron el toque más llamativo del conjunto y permitieron recuperar una parte de la historia familiar en una de las ceremonias de mayor relevancia institucional para la Princesa.

Las joyas están vinculadas, además, al célebre conjunto de rubíes y diamantes asociado a la casa Van Cleef & Arpels, que el magnate naviero Stavros Niarchos regaló a Doña Sofía por su enlace matrimonial. Aunque los pendientes no formaban parte de aquel obsequio, fueron concebidos para armonizar con el conjunto y han quedado ligados a la imagen más solemne de la Reina Emérita.

Doña Sofía los lució en momentos decisivos, entre ellos la misa del Espíritu Santo celebrada en noviembre de 1975, en vísperas de la proclamación de Juan Carlos I como Rey, y la gala previa a la boda de Felipe VI y Letizia en 2004. Ahora, más de seis décadas después de recibirlos de su madre, ha permitido que sea su nieta quien los luzca en una ceremonia que lleva precisamente el nombre de la heredera.

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La coincidencia resulta especialmente significativa. Leonor no solo presidió por primera vez en solitario la audiencia con los galardonados, sino que también asumió un protagonismo cada vez mayor en una cita fundamental para la proyección pública de la Corona. Y lo hizo llevando consigo un pedazo de la historia personal de su abuela.