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Chica Sobresalto

Un grave lío en TVE y Eurovisión: denuncian explotación laboral en el Benidorm Fest

Las bailarinas de Chica Sobresalto se hartan y cuentan en sus redes sociales lo que no vemos de un festival de estas características y lo que sufren quienes no son las principales estrellas del espectáculo

El jurado profesional de este Benidorm Fest.

El jurado profesional de este Benidorm Fest.JOAQUIN P. REINA

David Lozano
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Televisión Española es la casa de los líos. Las galas del Benidorm Fest, para elegir representante español para Eurovisión, le ha salido bien en cuanto audiencias pero el deterioro de la imagen de TVE no tiene fondo.

A las polémicas generadas por el sesgo político de su presentadora, Inés Hernand; la filtración de unos ensayos que terminaron con el despido de un trabajador o las acusaciones de plagio a Melody, la artista ganadora; se une ahora una denuncia nada más y nada menos que de explotación laboral.

Tres bailarinas que participaron en la coreografía de Chica Sobresalto han denunciado a través de un comunicado en redes sociales, las situaciones de precariedad que enfrentaron en el certamen que abre el camino a Eurovisión.

María Pizarro, María Gomis y María José Arcas Mouliaá han decidido alzar la voz sobre lo que describen como una experiencia laboral llena de incertidumbre y falta de respeto a su trabajo. “Somos tres bailarinas contratadas para acompañar a una artista en un concurso de televisión que consta de dos fases (semifinal y final) y se celebra fuera de Madrid”.

Sin aportar nombres concretos, las bailarinas dejan claro que su caso no es una excepción, sino un reflejo de una industria que sigue normalizando la precariedad. “No es un hecho aislado”, denuncian.

Las jóvenes detallan las condiciones que se les prometieron: un sueldo base, disponibilidad completa durante las dos semanas del Benidorm Fest, alojamiento individual y dietas cubiertas, pero solo para los artistas. “El resto del equipo se alojaría en un Airbnb”, explican. Pero parece que estas condiciones no se cumploeron.

Después de su actuación en la semifinal, recibieron un mensaje inesperado: debían abandonar sus habitaciones cuatro días antes de lo acordado y regresar a Madrid sin alternativa. “La justificación es que 'ya no tenemos nada más que hacer allí' y que necesitan nuestros alojamientos y dietas para el resto del equipo”, explican.

Cuando intentaron dialogar con la artista y su equipo para resolver la situación, su petición fue rechazada de manera tajante. “La artista nos comunica que, por deseo propio, ha decidido que serán los miembros de su banda quienes pasarán a ocupar nuestras respectivas habitaciones y consumirán nuestras dietas”.

Pero la cosa es más grave porque afecta a las altas en la Seguridad Social y otros aspectos administrativos, preguntaron sobre ello y no obtuvieron respuesta. “Nos sentimos utilizadas, ninguneadas y abandonadas”.

Las bailarinas de Chica Sobresalto han convertido su denuncia en un llamado de atención a la industria musical. “Es necesario abandonar esta visión idealizada que construye la profesión a través de ilusiones, 'brilli brilli' y palabrería”, dicen con dureza.

"Los bailarines no somos atrezzo ni un decorado. Somos parte de la propuesta artística y merecemos que se nos trate como tal. No nos callamos, no nos conformamos y no vamos a normalizar lo inaceptable", concluyen.

La respuesta de la aludida, Chica Sobresalto.

La respuesta de la aludida, Chica Sobresalto.

La principal aludida, Chica Sobresalto ha respondido a través de sus redes asegurando estar "completamente sobrepasada por esta situación". En su mensaje, la artista ha defendido que el presupuesto acordado se cumplió y que ella misma optó por dormir fuera del hotel para que sus bailarinas contaran con habitaciones individuales. También ha explicado que, tras finalizar su participación en el concurso, le informaron que podía quedarse, pero las bailarinas debían regresar a Madrid. "No he dejado de estar agradecida con mis trabajadoras en ningún momento", expresó, insistiendo en que no pretende justificar su actitud, pero tampoco convencer a nadie de que "no es una mierda de persona". 

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