Silvia Intxaurrondo maniobra para esquivar la lupa fiscal con una separación societaria sospechosa
La presentadora de RTVE abandona la gestión de la sociedad que compartía con su marido justo cuando Inspección de Trabajo cuestiona la legalidad de su contrato y su modelo de facturación

Silvia Intxaurrondo recibe un premio de manos de Marisa Paredes.
Silvia Intxaurrondo vuelve a estar en el centro de la polémica. La presentadora de RTVE ha decidido apartarse de la gestión de la sociedad que fundó junto a su marido, en pleno proceso de investigación fiscal y laboral por el contrato que mantiene con la televisión pública. La maniobra, lejos de despejar dudas, las alienta y las multiplica.
El movimiento llega después de que la Inspección de Trabajo determinase que el contrato de Intxaurrondo con RTVE, firmado a través de la mercantil Sukun Comunicación, no se ajusta a la normativa. El organismo ha dictaminado que la periodista debería estar dada de alta en la Seguridad Social como empleada, y no como falso autónomo.
En ese contexto, la presentadora anunció su salida de la gestión societaria, justificándola como una medida para “evitar conflictos de interés”. Sin embargo, no ha aclarado si mantendrá beneficios como socia pasiva. Es decir, deja de figurar formalmente, pero podría seguir cobrando de la misma estructura empresarial que la rodea de polémica.
Conviene recordar que RTVE firmó con Sukun un contrato que alcanza los 537.000 euros en dos años, blindado con cláusulas de confidencialidad que el propio Consejo de Transparencia calificó como inadmisibles. Pese a las resoluciones de este órgano, la corporación pública sigue resistiéndose a hacer públicos los detalles del acuerdo.
El problema va más allá de lo laboral. La sociedad Sukun declaró pérdidas de apenas 976 euros en el último ejercicio, lo que le permitió esquivar el pago del Impuesto de Sociedades. Una maniobra perfectamente legal sobre el papel, pero difícil de justificar para quien cobra de la televisión pública y exige rigor a terceros.
Resulta llamativo el contraste entre el discurso de Intxaurrondo y sus prácticas empresariales. La presentadora se ha erigido en azote político desde la pantalla, pero ahora guarda silencio cuando la lupa se centra sobre ella. ¿Por qué abandona la gestión justo ahora? ¿Es un movimiento de transparencia o un intento de blindaje?
Silencio de RTVE
El silencio de RTVE tampoco ayuda. Nadie en la dirección de la corporación ha ofrecido explicaciones sobre por qué se permitió este modelo contractual opaco o qué medidas se adoptarán a partir de las conclusiones de la Inspección de Trabajo. Ni una sola palabra sobre posibles sanciones, regularizaciones o responsabilidades internas.
El desenlace de este caso marcará un precedente. Si la Inspección impone que se regularice su situación con una nómina convencional, RTVE tendrá que rehacer las condiciones del contrato. Pero la mancha reputacional ya es evidente: quien exigía transparencia a los demás ahora se resiste a aplicarla en su propia casa.