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Una influencer entra en pánico ante unas cabras y confía su destino a ChatGPT

La escena, grabada en Montserrat, resume una tendencia creciente: jóvenes incapaces de gestionar situaciones básicas de la vida cotidiana que recurren a la inteligencia artificial para sobrevivir a aquello que antes resolvía cualquier abuelo con boina

La influencer y el rebaño de cabras. La vida puede ser dura

La influencer y el rebaño de cabras. La vida puede ser duraTiktok @braylyngb

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Sandra Sánchez

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La influencer paseaba tranquilamente por la montaña de Montserrat cuando, de pronto, la civilización colapsó. No hubo apagón, ni terremoto, ni un jabalí fuera de control. El detonante del pánico fueron… unas cabras. Un rebaño. Animales de cuatro patas, cuernos, mirada indiferente y nulo interés en el drama humano que estaban provocando.

La joven, móvil en mano y temple en caída libre, decidió que la mejor solución no era esperar, rodear al rebaño o, sencillamente, quedarse quieta. No. Optó por lo que define a toda una generación: preguntar a ChatGPT qué hacer ante unas cabras. La tecnología del siglo XXI al servicio de una escena que en cualquier pueblo se resuelve con un “déjalas pasar y ya está”.

El vídeo, viral en redes, ha provocado una mezcla de carcajadas, estupor y cierta melancolía. Porque no es un caso aislado. Hace tiempo que los influencers confunden una gallina con un faisán, no saben pelar una naranja “sin tutorial”, preguntan si las vacas duermen de pie o creen que el pan “sale ya cortado del árbol”. Y ahora, las cabras. El apocalipsis caprino.

Mientras ChatGPT recomendaba calma, distancia y sentido común —ese gran desconocido—, la escena se convertía en metáfora perfecta: jóvenes hiperconectados, incapaces de enfrentarse a lo elemental sin asistencia digital. Ni GPS emocional, ni brújula vital. Solo cobertura y batería.

Al final, las cabras siguieron su camino, como han hecho toda la vida. La influencer sobrevivió para contarlo. Y ChatGPT sumó un nuevo mérito a su currículum: evitar que una experiencia rural se convierta en trauma generacional.

Moraleja: antes de preguntarle a la inteligencia artificial cómo cruzar un camino, quizá convenga recordar que la humanidad lleva miles de años esquivando cabras sin necesidad de WiFi. Y algunos, hasta con boina.

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