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El Gobierno marcó las líneas rojas a José Mota y borró a Ábalos, Koldo y cía de Nochevieja

RTVE diseñó el especial de humor de Nochevieja con límites claros sobre qué se podía decir, provocando la indignación de una audiencia harta del sesgo político y de la sátira repetitiva

Mota nos volvió a ofrecer El Juego del Camelar en Nochevieja

Mota nos volvió a ofrecer El Juego del Camelar en NocheviejaRTVE

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Sandra Sánchez

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El especial de Nochevieja de José Mota en RTVE prometía risas y terminó ofreciendo una lección magistral de autocensura y obediencia editorial. Según diversos medios, el programa se diseñó desde el principio con líneas rojas marcadas, dejando fuera cualquier referencia a Ábalos, Koldo García o Santos Cerdán, ni que decir tiene que Begoña Gómez o el hermanísimo David Azagra tampoco aparecieron Es decir, la sátira no murió por falta de ocurrencias: fue estrangulada antes de nacer.

El resultado fue un humor políticamente seguro, aburridamente previsible y perfectamente acotado. El público, acostumbrado a que la comedia política haga reír a todos, esta vez sintió que pagaba para ver propaganda disfrazada de sketches. Como apuntaba El Televisero, la reacción fue inmediata: “Basta ya de humor servil y repetitivo”, “parece que la televisión pública es un monólogo cuidadosamente editado”, “esto no es sátira, es manual de autoprotección política”.

Reciclaje 'made in Mota'

Ni José Mota sale indemne. El cómico, que lleva años reciclando los mismos chistes y personajes, aquí solo fue el actor obligado a saltar entre líneas rojas. La verdadera protagonista fue RTVE, que demostró que cuando la televisión pública se convierte en notario del poder, hasta la comedia se somete.

Algunos espectadores fueron más lejos: hablaron de malversación de caudales públicos en sentido figurado, al ver cómo se utiliza un canal financiado por todos para mostrar un humor con sesgo garantizado y sonrisa obligatoria solo hacia un lado del arco parlamentario.

El resultado final: un especial que pasó de puntillas sobre los temas calientes, un humor domesticado y una audiencia que se quedó con ganas de mordacidad real y se topó con un guion blindado.

En definitiva, si la Nochevieja buscaba risas libres, la libertad se quedó en la puerta del plató. Y si la intención era criticar al poder, la crítica había sido puesta bajo llave mucho antes de que Mota encendiera la cámara. Porque en RTVE, esta Nochevieja, la risa fue cautiva, y el público lo notó.

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