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Hasta María Escario estalla contra Gonzalo Miró, Marta Flich y Cintora: “Engendro”

La ex periodista de RTVE carga contra un formato de La 1 que considera ilegal y fallido, mientras los datos de audiencia confirman el rechazo del público a un proyecto de sesgo gubernamental impulsado desde la actual dirección

María Escario, en una imagen de archivo

María Escario, en una imagen de archivo

Publicado por
Sandra Sánchez

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Cuando María Escario habla, en RTVE conviene escuchar. No solo por su trayectoria impecable, ahora ya retirada del periodismo activo, sino porque nunca ha sido una profesional dada al exabrupto ni a la crítica fácil. Por eso, que haya calificado como “engendro” uno de los nuevos programas de La 1 dice mucho más que cualquier tertulia airada o ajuste de cuentas político.

Escario ha denunciado públicamente que el formato de Directo a la Gente, el programa que conducen Jesús Cintora, Marta Flich y Gonzalo Miró, vulnera la ley (el espacio ha estado producido externamente por Big Bang Media (The Mediapro Studio) y La Osa Producciones, las mismas compañías de Directo al grano y Malas lenguas) y desnaturaliza la función de la televisión pública. Y lo ha hecho con la serenidad y la autoridad de quien ha pasado décadas defendiendo el rigor informativo desde dentro de la casa. No es una pataleta: es un aviso serio. Un toque de atención que duele precisamente porque viene de alguien que siempre ha sido sinónimo de credibilidad, respeto profesional y conexión con la audiencia.

En el otro lado del espejo aparecen Miró, Flich y Cintora, los tres nombres asociados al proyecto y que representan una forma de entender la televisión pública mucho más cercana al activismo ideológico que al servicio informativo. Su presencia no ha logrado enganchar al público ni reforzar la marca RTVE. Más bien al contrario.

Los datos de audiencia han sido demoledores. El programa ha pinchado desde su estreno, quedándose muy por debajo de las expectativas de La 1 y confirmando que el espectador no compra el producto. Ni el tono, ni los contenidos, ni el enfoque han conseguido fidelizar, lo que refuerza la crítica de Escario: no es solo un problema de gustos, sino de concepto.

Contraste evidente

Mientras Escario defiende una RTVE plural, profesional y respetuosa con la ley, el modelo que encarnan Flich, Miró y Cintora parece empeñado en convertir la cadena pública en un espacio de trincheras, donde el mensaje pesa más que la información y la audiencia es un daño colateral.

El contraste no puede ser más evidente. De un lado, una periodista querida, solvente y respetada, que habla cuando considera que se cruza una línea. Del otro, rostros muy expuestos que no logran respaldo popular y arrastran al programa a mínimos preocupantes.

Que hasta María Escario haya dicho basta no es una anécdota. Es una señal clara de que algo se está haciendo mal en RTVE. Y cuando la conciencia profesional de la casa levanta la voz, el problema ya no es de opinión: es estructural.

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