Tragedia en televisión: muere a los 50 años la presentadora más querida de la TVG gallega
Mabel Montes era uno de los rostros más conocidos de la televisión autonómica de Galicia. Había sido presentadora de las noticias o el tiempo. Estaba a punto de cumplir 30 años en la cadena

Mabel Montes, la presentadora fallecida de TVG.
No siempre los rostros más conocidos son los más visibles fuera de su tierra. A menudo, las voces que nos explican el mundo desde la tranquilidad de una pantalla se convierten en parte de nuestro día sin que nos demos cuenta. Así fue Mabel Montes, una periodista de mirada serena y pasión evidente por su oficio, que durante casi tres décadas acompañó a miles de espectadores gallegos con rigor, respeto y una cercanía que iba mucho más allá de las noticias del día a día. Hoy, ese camino prolongado de profesionalidad y compromiso se ha detenido para siempre, y Galicia —y el periodismo— despiden a una de sus figuras más queridas.
Nacida en Zas en 1976, Mabel Montes se integró en los servicios informativos de la Televisión de Galicia (TVG) en 1997, cuando la corporación autonómica todavía estaba forjando su identidad moderna. Allí, entre telexornais y ediciones de Galicia Noticias, construyó una trayectoria marcada por el rigor y la precisión, ganándose el respeto de compañeros y audiencia con una manera de contar las cosas que no acentuaba el ruido, sino la claridad.
Fue en 2012 cuando su presencia se volvió aún más familiar: Mabel pasó a formar parte del equipo de O Tempo, el espacio meteorológico de TVG que cada día abría una ventana a los hogares gallegos. Desde allí, con su voz tranquila y su mirada clara, no solo anunció nubes y soleado —aunque fuera bajo la lluvia gallega—, sino que se convirtió en un puente entre la información técnica y la vida cotidiana de quienes la veían. Su responsabilidad con el idioma, su cariño por la lengua gallega y su empeño en hacer comprensible lo complejo dejaron huellas que van más allá de un simple marcador de audiencia.
No era únicamente la profesional que muchos reconocían por su nombre en pantalla, sino también la periodista que vivió la comunicación como un servicio público. La Corporación de Servizos Audiovisuais de Galicia (CSAG) —la casa en la que construyó su carrera— la ha despedido resaltando precisamente eso: una “vocación de servicio público” y un compromiso con la calidad de la información que no se mide solo en años, sino en confianza depositada y acompañamiento cotidiano.
Porque el periodismo es, al fin y al cabo, una conversación continua entre quien cuenta y quien escucha, y Mabel siempre lo hizo desde el pulso del respeto. Allí donde los titulares pugnan por la primera plana, ella eligió el camino de la precisión y la honestidad, sin estridencias, con una mirada que acogía el matiz y la verdad.
Su lucha contra un cáncer que finalmente se la llevó el 20 de enero de 2026 —después de un proceso que mantuvo con discreción y dignidad— no borró nunca su sonrisa ni su sentido del humor, aspectos que quienes la conocían recuerdan con cariño y brillo en los ojos. Los últimos mensajes que compartió en redes muestran a una profesional que, incluso enfrentada a la adversidad, no perdió su calidez ni resignó ese rasgo que la hacía humana más allá de la pantalla.
Y es esa humanidad la que ahora pesa más fuerte: no solo la ausencia de una voz familiar en la televisión pública gallega, sino la de una profesional que entendió que el periodismo no es solo informar, sino servir y acompañar. Un mensaje que, en estos tiempos de ruido constante, debería recordarnos lo que importa: la verdad contada con respeto, la cercanía sin renunciar al rigor, la mirada propia que siempre dignifica a quien la escucha.
Mabel Montes será despedida este miércoles 21 en su Zas natal, entre lágrimas y recuerdos, justo donde comenzó todo. Y aunque no quede en los titulares de los grandes diarios nacionales, su legado vive en cada gallego que, alguna vez, supo que al otro lado de la pantalla había alguien que cuidaba las palabras con el mismo celo que cuidaba a su audiencia.
Porque algunos periodistas no solo cuentan la actualidad: la hacen más humana, más cercana y más digna. Y esa es la verdadera herencia de Mabel Montes.
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