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LA REVUELTA

RTVE blinda La Revuelta: dos años más… y 31 millones de euros (98.000 por programa)

El ente público lo vende como una apuesta estratégica por la audiencia; sus críticos lo ven como otra muestra de prioridades discutibles: más gasto, más prisas y menos explicaciones sobre por qué el entretenimiento “premium” vuelve a imponerse cuando la televisión pública presume —precisamente— de servicio público.

Ricardo Castella, Grison, David Broncano, Jorge Ponce, Lalachus y Sergio Bezos.

Ricardo Castella, Grison, David Broncano, Jorge Ponce, Lalachus y Sergio Bezos.Europa Press

Luis Sordo
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Renovación exprés, subida de presupuesto y un contrato que amarra la parrilla hasta 2028. RTVE ha decidido renovar La Revuelta por dos temporadas más, con 320 programas y un coste total cercano a 31 millones de euros (algunas informaciones lo sitúan en torno a 31,5 millones), elevando el precio por entrega hasta el entorno de los 98.000 euros.

La pregunta no es si el formato funciona mejor o peor en el access prime time. La pregunta es otra: ¿de verdad una televisión pública necesita “blindar” entretenimiento a golpe de talonario mientras presume de servicio público?

El “éxito” que se paga… y se paga más

Según la información publicada este 4 de febrero de 2026, la renovación llega con incremento de presupuesto y un coste por episodio que sube desde cifras cercanas a 88.000 euros hacia el entorno de 97.840–98.600 euros, en función de cómo se desglose el contrato.

RTVE lo justifica por mejoras salariales, alquiler de espacio, partidas de guion, música, derechos, Seguridad Social, etc. Perfecto: todo sube. Pero cuando sube con dinero público, también debería subir la exigencia: de resultados, de prioridades, de rendición de cuentas y de coherencia con la misión de una corporación sostenida por todos.

Cláusula de audiencia: el salvavidas que lo cuenta todo

El contrato incorpora una salida si no se cumplen objetivos de audiencia: se ha publicado que podría rescindirse si cae durante varios meses por debajo de un umbral.

Es decir: sí, hay red. Pero la red no cambia el hecho esencial: RTVE ha firmado un compromiso multianual que, en la práctica, hipoteca decisiones futuras de programación y presupuesto. Porque cuando atas 320 programas, atas también tu margen para corregir rumbo si el contexto cambia, si la cadena necesita otra estrategia o si aparecen necesidades más urgentes.

Servicio público: ¿entretenimiento premium o misión pública?

RTVE puede defender que necesita formatos fuertes para competir y arrastrar audiencia. Vale. Pero el debate no es puritano (“entretenimiento sí/no”), sino de proporción y oportunidad:

  • ¿Cuánto pesa el entretenimiento frente a informativos, cultura, infancia, ciencia o producción propia con sentido de país?
  • ¿Cuántos proyectos más modestos se quedan sin oxígeno cuando el prime time se “asegura” con contratos de decenas de millones?
  • ¿Qué mensaje se lanza cuando la gran apuesta es “más de lo mismo, más caro y cuanto antes”?

A esto se suma el elemento de calendario: la renovación deja atado el espacio hasta finales de 2028, es decir, más allá de cambios internos o políticos que puedan llegar. En una entidad pública, ese tipo de “blindajes” siempre huelen a decisión defensiva: firmar hoy para que mañana sea difícil moverlo.

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