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Alsina se mofa del poliamor a la izquierda del PSOE: Sumar cambia de traje, no de bronca

Rebranding, sonrisas y promesas de unidad para las cámaras, mientras las diferencias internas y la guerra con Podemos dejan el proyecto en alambre.

El presentador de 'Más de uno' en Onda Cero, Carlos Alsina.

El presentador de 'Más de uno' en Onda Cero, Carlos Alsina.Onda Cero

Luis Sordo
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El director de Más de uno se marcó un repaso quirúrgico —y con bisturí de ironía— a ese ecosistema político que vive a la izquierda del PSOE: formaciones que anuncian “reagrupamientos” como quien anuncia un nuevo comienzo, pero que, en realidad, sólo están poniendo una tirita sobre una fractura que no deja de crujir.

Porque lo que se vende como unidad suele ser, en estos casos, una foto de familia con sonrisas tensas. Mucho “vamos juntos”, mucho “miramos al futuro”, mucho “reforzamos el proyecto”… y, cuando llega la letra pequeña, lo de siempre: siglas compitiendo por el mismo hueco, liderazgos amortizados que se resisten a desaparecer y una pregunta que nadie quiere responder en voz alta: ¿quién manda aquí?

Ceremonia al aire libre… y sin anillos de verdad

La escena, tal y como la dibujó el director del programa, parecía sacada de una crónica rosa: renovación de votos, promesas renovadas, entusiasmo impostado y, por supuesto, fotos para las redes —esas redes de los “tecnoligarcas” donde todo se mide en seguidores, no en votos—. Sólo que aquí no hablamos de celebridades: hablamos de partidos que, tres años después de su “boda” electoral, vuelven a juntarse para decir que siguen juntos… aunque cambiando el nombre, la marca y el envoltorio para que no parezca que son lo mismo de antes.

Y lo más divertido —si no fuera tan revelador— es la pirueta: seguir siendo Sumar sin llamarse Sumar, intentar no oler a Sumar mientras se insiste en que esto, en el fondo, es Sumar. Como si el problema hubiera sido el logotipo y no la realidad: la pérdida de empuje, el desgaste interno y la batalla por el relato.

Poliamor político: cuatro siglas, un mismo techo y demasiados cuchillos

En la “ceremonia” se reparten el protagonismo nombres y marcas que ya no caben en un solo cartel sin reducir la tipografía: Izquierda Unida, En Común, Más Madrid y el Movimiento Sumar. El mensaje público es simple: seguimos juntos y juntos iremos. El mensaje real es más humano: si nos separamos, nos diluimos.

Esto no es un matrimonio tradicional: es un poliamor electoral con pactos de convivencia y discusiones por el armario. Y como en toda relación forzada por las circunstancias, lo que se firma para la foto no resuelve lo esencial: las diferencias sobre estrategia, poder interno, listas, cuotas y el eterno dilema de la izquierda alternativa: ¿somos un socio exigente o una muleta dócil del PSOE?

La renovación… sin los “padres” en la primera fila

Aquí llega el detalle que delata la grieta: a la renovación de votos no van los “padres” que sí estuvieron en la boda original. Traducido: Podemos ya no está en el álbum de familia.

La ausencia no es un matiz; es el titular. Porque lo de ahora no es el mismo proyecto que se presentó a las generales: es el resultado de una guerra interna a cara descubierta, de antiguos camaradas repartiendo reproches como confeti y de un declive que se nota tanto en encuestas como en urnas autonómicas.

Mientras unos intentan recomponer el bloque alrededor de Yolanda Díaz —convertida, según el retrato radiofónico, en símbolo doliente de lo que prometía ser y no fue—, otros prefieren marcar territorio y recordar que el “original” no ha muerto, sólo está esperando su momento… o su ajuste de cuentas.

Lo que no dicen en la foto: esto no es reconciliación, es necesidad

Que nadie se engañe: el reagrupamiento no es una paz, es un alto el fuego táctico. No han resuelto sus diferencias; las han aparcado con cinta adhesiva para llegar vivos a la próxima pantalla. Y, aun así, cada uno quiere aparecer como el imprescindible, el “auténtico”, el que pone el alma y los votos.

El problema es que el votante de ese espacio político lleva años viendo la misma película: unión, ruptura, reproche, nueva marca, nueva promesa. Cada ciclo deja menos ilusión y más cansancio. Y eso, en política, es mortal.

Mientras tanto, el Gobierno y el ruido de fondo: pensiones y vida real

Y aquí es donde el comentario de Más de uno cobra mala intención (de la buena): mientras se reparten el ramo, el país sigue. Las pensiones no se pagan con eslóganes, ni el coste de la vida baja por una rueda de prensa con sonrisas. La gobernabilidad se juega en presupuestos, en acuerdos y en la capacidad de sostener una mayoría sin que cada votación sea un mercadeo emocional.

La izquierda a la izquierda del PSOE necesita presentarse como bloque para sobrevivir, sí. Pero si ese bloque nace ya con las costuras reventadas, el resultado es previsible: más gestos que soluciones, más épica que gestión, más ruido que rumbo.

Y al final, como en todas las renovaciones de votos que suenan a escena preparada: lo importante no es lo que dicen delante de la cámara, sino lo que pasa cuando se apagan los focos y toca convivir. ¿Amor verdadero? No. Conveniencia electoral. Y, por ahora, ni siquiera eso logra borrar la pregunta que flota en el ambiente: ¿de verdad han sumado… o sólo han vuelto a contarse?

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