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Alsina desmonta el relato de Sánchez y retrata el silencio de Podemos con Irán

El comunicador de Onda Cero acusa al presidente de retorcer la posición de Feijóo y deja una frase venenosa sobre la izquierda que calló ante la represión de los ayatolás

El presentador de 'Más de uno' en Onda Cero, Carlos Alsina.

El presentador de 'Más de uno' en Onda Cero, Carlos Alsina.Onda Cero

Luis Sordo
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Carlos Alsina ha vuelto a sacudir la mañana política con un monólogo de esos que escuecen en el poder y dejan tiritando los argumentarios más prefabricados. Esta vez, el periodista ha puesto el foco en el intento de Pedro Sánchez de presentar a Alberto Núñez Feijóo como un dirigente poco menos que complaciente con la destrucción en Irán.

Un dardo directo al corazón del relato oficial

Alsina resumió su crítica con una frase de enorme carga política: “El presidente sabe de sobra que ni Feijóo defiende que se viole la legalidad internacional ni disfruta viendo escombros en Teherán”.

Con esa sentencia, el comunicador vino a denunciar una operación de manual en La Moncloa: deformar la posición del adversario para colocarle en el papel del insensible, del tibio o del supuesto cómplice moral de la guerra.

Sánchez, señalado por la caricatura interesada

La tesis de Alsina es clara. Sánchez sabe perfectamente que Feijóo no avala ni bombardeos indiscriminados ni vulneraciones del derecho internacional. Pero, aun así, le conviene construir un enemigo reconocible, simple y fácilmente atacable.

Se trata, en definitiva, de reducir una discusión compleja a una consigna primaria: o estás conmigo o estás con la guerra. Y ahí es donde Alsina ve una manipulación evidente del debate público.

El “no a la guerra” como escudo del poder

Uno de los aspectos más llamativos del análisis del periodista es su denuncia del uso político del lema “no a la guerra”. Lo que antaño fue bandera de la calle y de la oposición, hoy, a juicio de Alsina, se convierte en un recurso de quien manda para blindarse ante cualquier crítica.

Ya no sería una consigna de contestación, sino una coartada retórica. Una fórmula emocional, eficaz y simplificadora con la que el Gobierno busca desactivar cualquier matiz y presentar como sospechoso a quien no se pliegue por entero a su marco.

La doble vara de medir del Gobierno

Alsina también puso el dedo en otra llaga especialmente sensible: la distancia entre el discurso y los hechos. Porque mientras el Ejecutivo eleva el tono contra determinadas actuaciones militares y se envuelve en declaraciones grandilocuentes, mantiene los equilibrios propios de un país inserto en alianzas internacionales y estructuras de seguridad occidentales.

Esa ambivalencia, según el periodista, debilita la consistencia moral del mensaje oficial. Mucha contundencia verbal, pero mucha menos claridad cuando llega la hora de asumir todas las implicaciones de esa postura.

Y de repente apareció Podemos

Pero el tramo más afilado del monólogo llegó cuando Alsina dirigió el foco hacia Podemos. Ahí dejó una ironía con veneno político del bueno: “Son históricas las movilizaciones que convocó Podemos contra la represión en Irán porque nadie recuerda ni una sola”.

La frase no necesita demasiada explicación. Lo que desliza es una acusación demoledora: la izquierda que presume de sensibilidad internacional ha mostrado una intensidad muy selectiva a la hora de indignarse.

Mucha pancarta, pero no para las iraníes

La pulla de Alsina apunta a una contradicción incómoda. Durante años, Podemos y buena parte del espacio político a su izquierda se han presentado como referentes morales frente a guerras, invasiones y abusos de poder. Sin embargo, cuando las víctimas eran mujeres iraníes, opositores perseguidos o ciudadanos aplastados por el régimen de los ayatolás, el estruendo fue mucho menor.

Ese es el reproche de fondo: una indignación de geometría variable, muy enérgica cuando encaja en el marco ideológico propio y mucho más tenue cuando los hechos obligan a incomodar ciertos prejuicios.

El régimen iraní, gran ausente del discurso

Alsina vino a recordar que en Irán no solo hay bombas, tensión geopolítica y escombros. Hay también una dictadura teocrática, una represión persistente y una maquinaria de control brutal contra la disidencia.

Por eso, reducir toda la cuestión a una denuncia abstracta de la guerra, sin detenerse en la naturaleza del régimen iraní, supone para el periodista una simplificación tan interesada como moralmente insuficiente.

Un monólogo que incomoda a izquierda y derecha

La intervención de Alsina no solo aprieta a Sánchez por su táctica política. También sacude a una parte de la izquierda que ha hecho de la superioridad moral una seña de identidad, pero que, según esta lectura, ha preferido mirar hacia otro lado cuando la represión no servía para el consumo interno.

Y, de paso, obliga a la derecha a no refugiarse en respuestas perezosas, porque el periodista tampoco compra simplificaciones automáticas ni adhesiones ciegas al bloque occidental.

La frase que resume toda la mañana

Al final, el monólogo deja una idea central que resume toda la embestida de Alsina: no todo el que discute el relato de Sánchez está defendiendo la guerra, del mismo modo que no todo el que se envuelve en el “no a la guerra” está siendo honesto con lo que sucede sobre el terreno.

Un espejo incómodo para la política española

Ese es, seguramente, el mayor mérito del comentario radiofónico: obligar a mirar donde muchos prefieren apartar la vista. A Sánchez, por usar el conflicto como arma arrojadiza interna. A Feijóo, por quedar atrapado en una caricatura que debe combatir. Y a Podemos, por el estruendoso vacío que deja su historial de movilizaciones cuando se menciona la represión iraní.

Porque a veces una sola frase basta para dejar a varios partidos al descubierto. Y Alsina, esta vez, encontró esa frase.

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