Inquietud en los anunciantes: miedo a aparecer en contenidos dañinos en YouTube o redes
Dos concursantes liándose a palos en la Casa de los Gemelos mientras una prestigiosa marca se publicita en ese contenido que no era precisamente el deseado. Es sólo un ejemplo gráfico de lo que está ocurriendo. ¿Se puede poner fin a esta situación?

La Casa de los Gemelos, polémico contenido en YouTube.
En la industria publicitaria hay una regla: las marcas quieren controlar el contexto en el que aparecen. No es solo una cuestión de estrategia comercial o de posicionamiento. También lo es de reputación. Ninguna compañía quiere descubrir que su anuncio está financiando —aunque sea de forma involuntaria— contenidos polémicos, violentos o directamente perjudiciales. Véase la Casa de los Gemelos en YouTube…
Ese debate ha vuelto al primer plano en Europa tras el movimiento que se está produciendo en el Reino Unido. Allí, el organismo que representa a los grandes anunciantes británicos, ISBA, ha respaldado la consulta pública lanzada por el Gobierno para estudiar medidas contra los daños en internet, entre ellas la posible restricción del acceso de menores a redes sociales o la implantación de sistemas más estrictos de verificación de edad.
La discusión no es menor. El Gobierno británico quiere analizar si deben limitarse ciertas funcionalidades de las plataformas —como el desplazamiento infinito o la reproducción automática— y cómo reforzar la protección de los menores frente a contenidos potencialmente perjudiciales. El debate llega además en un momento especialmente sensible, marcado por el impacto del documental Molly vs the Machines, que reconstruye la historia de Molly Russell, la adolescente británica cuyo suicidio fue vinculado por una investigación judicial al consumo continuado de contenido dañino recomendado por algoritmos de redes sociales.
En ese contexto, el director general de ISBA, Simon Michaelides, lanzó un mensaje que ha resonado con fuerza en toda la industria: los anunciantes no quieren aparecer junto a contenido dañino ni contribuir a monetizarlo sin darse cuenta. En otras palabras, el problema no es solo ético o social. También afecta directamente al negocio publicitario.
Preocupación en España
Aunque el debate regulatorio está ahora especialmente vivo en el Reino Unido, la inquietud no es ajena al mercado español. Las marcas invierten cada año millones de euros en publicidad digital, una parte creciente de ella en plataformas como YouTube o redes sociales donde el inventario publicitario es prácticamente infinito.
Ese crecimiento ha traído consigo una dificultad evidente: controlar exactamente en qué contenido termina apareciendo un anuncio.
Desde la Asociación Española de Anunciantes (AEA), que agrupa a las principales marcas, reconocen que la protección de los menores y el control del entorno digital son cuestiones cada vez más presentes en la agenda del sector. Sobre la propuesta de restringir el acceso de menores a redes sociales, la organización explica a ESdiario:
“Aunque de forma menos precisa o taxativa respecto a la noticia del Gobierno sobre impedir el acceso de los menores a las RRSS, la restricción de acceso a contenidos perjudiciales para los menores de edad ya estaba contemplada en el Proyecto de Ley de Protección de menores en los entornos digitales que se encuentra en tramitación, por medio de la inclusión de determinadas obligaciones para los fabricantes de equipos terminales digitales con conexión a internet, así como la elevación hasta los 16 años de la edad de consentimiento para el tratamiento de datos personales. Desde la AEA, como no puede ser de otra manera, defendemos la protección a los menores y el cumplimiento de la legalidad. Desconocemos el detalle y alcance de las medidas enunciadas en la noticia, puesto que no hay aún un texto o borrador de norma.”
Es decir, el debate regulatorio ya estaba presente en España antes de que se produjera la iniciativa británica, aunque todavía se encuentra en fase de tramitación legislativa.
Pero más allá de la regulación, el verdadero foco de inquietud en la industria publicitaria está en el terreno de la transparencia.
Las marcas quieren saber dónde aparece su publicidad y qué retorno real obtienen de esa inversión. En los medios tradicionales ese control resulta sencillo. La programación de una televisión o la estructura de un periódico están acotadas. En internet, sin embargo, el volumen de contenido es inabarcable.
Desde la AEA lo explican a ESdiario:
“Las marcas deben tener derecho a saber dónde está ubicada su publicidad en cada momento, dónde va a parar su inversión publicitaria y qué les está reportando y para eso trabajamos desde la AEA para que la transparencia brille en esta industria. Lógicamente a las marcas les preocupa el entorno donde aparecen y esto es algo muy importante para todos y también para el propio medio que debe trabajar a favor de las buenas prácticas.”
El problema se acentúa precisamente en los entornos digitales abiertos, donde el volumen de contenido crece de forma exponencial cada día.
“Aconsejamos recurrir a las guías de transparencia y seguridad de la marca, identificar las listas negras y blancas de ubicación de contenido. En los medios tradicionales es más sencillo porque la parrilla es finita. La dificultad es mayor en el entorno digital donde el inventario es infinito, la desinformación e inquietud sobre dónde va a aparecer la publicidad no ayuda a nadie y tiene un escaso recorrido.”
Relación cada vez más tensa con las plataformas
Detrás de estas declaraciones se esconde un debate de fondo que atraviesa toda la industria publicitaria global: hasta qué punto las grandes plataformas digitales ofrecen garantías suficientes para que las marcas controlen su entorno publicitario.
Los anunciantes necesitan esas garantías por una razón sencilla. Si su publicidad aparece junto a contenido problemático —ya sea desinformación, violencia o material inapropiado— el daño reputacional es inmediato.
Por eso las asociaciones de anunciantes llevan años presionando a las plataformas para que refuercen sus sistemas de control, mejoren la transparencia de los algoritmos publicitarios y permitan a las marcas decidir dónde se muestran sus anuncios.
En el Reino Unido, ISBA ha dejado claro que seguirá “desafiando constructivamente” a las redes sociales en nombre de sus miembros. En España, aunque el tono es más institucional, la preocupación es esencialmente la misma.
El crecimiento imparable de la publicidad digital ha multiplicado las oportunidades para las marcas. Pero también ha creado un ecosistema en el que el control resulta difícil.
Y en un mercado donde la reputación se construye —o destruye— en segundos, ese riesgo empieza a preocupar seriamente a los anunciantes.
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