Herrera apunta a Silvia Intxaurrondo y otros sin miramientos: “Lameculos, Dios os tenga en el inodoro”
La estrella de la Cadena COPE ya no tiene reparos en retratar, con extrema dureza, a los periodistas que están entregados, con intereses políticos y económicos, al relato de Moncloa
Carlos Herrera, en el 60º aniversario de COPE Málaga hace unos días.
Hay momentos en los que la política deja de ser solo política para convertirse en un choque de relatos. Y cuando eso ocurre, los focos ya no se dirigen únicamente a los tribunales o a los partidos, sino también a quienes construyen —o intentan construir— el marco desde el que se interpreta la realidad. Eso es lo que ha vuelto a poner sobre la mesa Carlos Herrera en su monólogo de este martes en la COPE, donde ha cargado con especial dureza no solo contra el Gobierno, sino contra un sector del periodismo al que sitúa directamente en el perímetro de defensa del poder.
El punto de partida es conocido: el avance de la causa judicial que afecta a Begoña Gómez tras la conclusión de la instrucción por parte del juez Juan Carlos Peinado. Un procedimiento que, según recordó Herrera, gira en torno a cuatro posibles delitos —tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación— y que ahora entra en una fase clave, con la posibilidad de recursos ante la Audiencia Provincial y un eventual juicio a la vuelta del verano.
Pero más allá del detalle jurídico, lo que realmente centra el discurso del comunicador es la reacción política y mediática que ha acompañado al caso. Herrera no se detiene tanto en la causa como en lo que, a su juicio, ha sido un intento coordinado de desacreditarla. “El gobierno ha hecho una impecable y feroz propaganda. Los palmeros mediáticos se han cebado con el juez Peinado, al que han presentado como un friki, un extravagante acosador”, afirma, marcando así el eje de su crítica.
Es en ese punto donde introduce uno de los elementos más polémicos de su intervención: el llamado “manifiesto contra el fango”, firmado hace meses por un grupo de periodistas que denunciaban lo que consideraban una deriva de desinformación, bulos y ataques personales en el debate público. Aquel texto, que apelaba a la responsabilidad informativa y a la necesidad de frenar la degradación del discurso mediático, fue respaldado por nombres relevantes del panorama periodístico, entre ellos Silvia Intxaurrondo, convertida desde entonces en uno de los rostros más visibles de esa posición.
Sin embargo, para Carlos Herrera, ese manifiesto no fue un ejercicio de autocrítica ni de defensa de la profesión, sino algo muy distinto. Lo interpreta como una toma de partido explícita, como una herramienta para deslegitimar a aquellos periodistas que han investigado y publicado informaciones incómodas para el Gobierno. Y lo hace con palabras especialmente duras: “Es que hay periodistas así, hay periodistas lameculos del sanchismo y no tienen ningún recato en escribir panfletos como el que escribieron”.
La acusación no es menor, porque desplaza el foco desde la política hacia el propio periodismo, abriendo una brecha interna que ya venía gestándose desde hace tiempo.
Herrera va un paso más allá al vincular directamente ese posicionamiento con la estrategia del Ejecutivo, sugiriendo que existe una “tropa gubernamental” que no se limita al ámbito político, sino que se extiende también a determinados sectores mediáticos. En su relato, la descalificación del juez Peinado, las declaraciones del ministro Félix Bolaños y la aparición de ese manifiesto forman parte de un mismo movimiento: desacreditar el origen de las informaciones para debilitar su impacto.
“Aquí lo extravagante y extemporáneo es la esposa de un presidente de gobierno que se pone a hacer negocios a la sombra del poder del marido”, añade, reforzando la idea de que el foco se está desviando deliberadamente del fondo del asunto hacia quienes lo investigan.
El palo de Herrera a los periodistas sanchistas es descomunal. “Que Dios los tenga en el inodoro, felizmente”, dice, en referencia a ellos.
Pero ¿quién lo impulsó? Silvia Intxaurrondo, la presentadora estrella de RTVE, la misma que cobra de todos los españoles mientras firma manifiestos contra otros periodistas. A su lado, firmaron nombres como Rosa Villacastín, Maruja Torres, Ana Pardo de Vera, Antón Losada, Iñaki Gabilondo, Rosa María Artal, Magda Bandera, Cristina Fallarás, Jesús Maraña, Javier Gallego… Toda la tropa progubernamental en pleno. Periodistas que, según Herrera, no tienen “ningún recato” en defender lo indefendible con tal de seguir en la nómina del relato oficial.