Sarah Santaolalla reafirma la orientación sexual de Vito Quiles y choca con Risto en su regreso a Cuatro
La tertuliana defiende que no ha revelado nada que no fuera ya conocido sobre el agitador, mientras Risto Mejide le afea en directo haber ido demasiado lejos con su polémico tuit.

Sarah Santaolalla y Risto Mejide
Sarah Santaolalla regresó a Cuatro después de su accidentada salida de En boca de todos, pero lo hizo sin propósito alguno de enmienda. Si alguien esperaba una versión más prudente, más serena o al menos consciente del revuelo provocado en los últimos días, se encontró justo con lo contrario: una colaboradora atrincherada en su discurso, desafiante y decidida a sostener hasta el final un mensaje que le ha valido críticas de todos los frentes.
La tertuliana volvió a la cadena en Todo es mentira, el programa de Risto Mejide, después de su sonada bronca con Antonio Naranjo, a quien acusó de someterla a una “encerrona” tras abandonar el plató de En boca de todos. Aquel episodio ya retrató a una Santaolalla incapaz de soportar un debate áspero sin convertirlo en un drama personal. Y su reaparición en Cuatro no ha servido precisamente para corregir esa imagen.
Risto le recuerda lo obvio
El presentador de Todo es mentira puso sobre la mesa lo que muchos estaban pensando: que una cosa es criticar a Vito Quiles y otra muy distinta introducir en el debate con quién se acuesta. Risto vino a decirle, en esencia, que si quería denunciar comportamientos reprobables no podía acabar recurriendo a recursos igual de cuestionables.
Fue un correctivo en toda regla. Uno de esos momentos en los que el presentador ejerce de árbitro moral y deja claro que no todo vale, ni siquiera cuando el objetivo es alguien tan controvertido como Quiles. Santaolalla, sin embargo, no recogió cable. Ni matizó, ni rebajó el tono, ni hizo el menor gesto de autocrítica.
Enrocada en el error
Al contrario. Se mostró orgullosa de no borrar el tuit y de no arrepentirse en absoluto. Según su tesis, el problema no estaría en mencionar que un hombre se lía con otros hombres, sino en la “mirada perversa” de quien interprete ese comentario como algo negativo.
El argumento, sin embargo, hace aguas por todas partes. Porque nadie discutía la normalidad de la orientación sexual de nadie, sino la bajeza de usar esa cuestión en una pelea pública para desgastar al adversario. Y esa diferencia, elemental para cualquiera con un mínimo sentido común, Santaolalla prefirió ignorarla.
Su intervención dejó una sensación evidente: la de una colaboradora más preocupada por ganar su batalla ideológica que por respetar ciertos límites. Y esa actitud, convertida ya en marca de la casa, empieza a pasarle factura incluso en entornos mediáticos donde habitualmente se siente cómoda.
España
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Enrique Martínez Olmos