Cabrera rompe el silencio en prime time y defiende al juez Peinado frente al acoso político
El Doctor Cabrera denuncia en televisión la presión sufrida por el magistrado y alerta del deterioro institucional que supone atacar a un juez por hacer su trabajo

Alguien tenía que decirlo y lo dijo en prime time. El Doctor Cabrera protagonizó una de esas intervenciones que dejan huella al salir en defensa del juez Juan Carlos Peinado y denunciar, sin rodeos, la presión que soporta por el simple hecho de ejercer su función.
Cabrera describió al magistrado como un profesional “técnicamente impecable”, entregado a su trabajo, con jornadas de hasta 14 y 15 horas y una trayectoria sobradamente conocida en el ámbito judicial. Pero su mensaje fue más allá del respaldo personal: puso el foco en la gravedad de que desde instancias políticas se señale a un juez por cumplir con su obligación.
Con más de 40 años de relación con jueces, y después de haber sido profesor de muchos de ellos en la Escuela Judicial, Cabrera aseguró no haber visto nunca una situación semejante. Su reflexión apuntó directamente al clima de hostilidad que, a su juicio, se ha desatado en torno a Peinado y que considera impropio de un Estado de Derecho sólido.
Uno de los momentos más impactantes de su intervención llegó cuando recordó que detrás de cada juez hay una persona. Según relató, el magistrado ha sufrido una presión que afecta también a su vida personal, en un contexto especialmente delicado cuando afronta además la recta final de su carrera judicial.
La aparición de Cabrera rompió el guion habitual y colocó sobre la mesa una reflexión de fondo que va mucho más allá del caso concreto de Peinado. Porque cuando se normaliza el ataque a un juez por tomar decisiones que incomodan al poder, lo que se resiente no es únicamente la figura de ese magistrado, sino la credibilidad de las instituciones y la confianza de los ciudadanos en el funcionamiento del Estado de Derecho. Esa fue, en realidad, la clave de su intervención: advertir de que el problema deja de ser individual cuando la presión política, mediática o ambiental pretende condicionar la actuación de quienes tienen la obligación de impartir justicia con independencia. Y por eso sus palabras tuvieron tanto eco, porque no sonaron como una defensa personal, sino como una llamada de atención ante una deriva que muchos consideran cada vez más preocupante. Alguien tenía que decirlo. Y esta vez se dijo delante de todos.