SUCESOS
¡Escándalo! Miguel Agnes propone difundir material incautado de pornografía infantil para “frenar” a pedófilos
Uno de los invitados propone publicar el material incautado de pornografía infantil para que el pedófilo "no de el paso" a incurrir en el delito. Así protege al pedófilo y olvida el sufrimiento de los niños que aparecen en ese material.

Imagen de Miguel Agnes en una conversación con Beatriz de Vicente
Una conversación entre la criminóloga Beatriz de Vicente y el activista Miguel Agnes ha desatado una fuerte polémica por el contenido de las ideas expuestas y, especialmente, por la forma en la que se abordan.
Durante la conversación, el activista plantea una propuesta tan controvertida como alarmante: utilizar material incautado de pornografía infantil para ponerlo a disposición de personas con tendencias pedófilas, con el argumento de evitar que den el paso al delito. Así le "ha buscado solución" a la atracción sexual hacia menores y ha ignorado por completo el sufrimiento de los niños y niñas que han sufrido abusos y, además, han sido grabados.
“¿Por qué no se coge todo el material incautado que hay de pornografía infantil y se pone a disposición del pedófilo que lo pida? Ya que está hecho”, propone Agnes, que justifica su planteamiento asegurando que así “no pedirá nuevo material” y podría “sustituir” ese impulso.
Lejos de cortar de raíz una idea que apunta directamente a una práctica ilegal y a una realidad marcada por el abuso y el sufrimiento de menores, la respuesta de De Vicente fue llamativa. La criminóloga no abordó el asunto desde el punto de vista de la ilegalidad de lo planteado sino desde una óptica de la psiquiatría, el cómo el acceso a un estímulo determinado no provoca un efecto saciante sino que actuaría como una manera de incrementar la necesidad de ir más allá.
“En la sexualidad pasa como con las drogas. Cada vez quieres más”, responde la criminóloga, introduciendo el concepto de “tolerancia” para explicar que el consumo no frenaría la conducta, sino que la intensificaría progresivamente.
El intercambio, que incluye comparaciones y ejemplos sobre la evolución del deseo, ha generado inquietud por el enfoque adoptado en una cuestión extremadamente sensible. La ausencia de una condena explícita a prácticas vinculadas con la explotación infantil y el hecho de tratar el tema desde una perspectiva casi teórica o de “gestión del impulso” ha sido interpretado como una banalización de un problema que trasciende cualquier debate académico.