Sánchez vuelve con su segunda taza de Eurovisión pese al desplome del interés en España
El presidente sigue defendiendo el boicot de RTVE al concurso amparándose en Israel mientras el festival pierde seguimiento, ilusión y fuerza social entre buena parte del público español

Pedro Sánchez, en su vídeo antieurovisivo
Pedro Sánchez ha decidido redoblar su cansina apuesta política sobre Festival de la Canción de Eurovisión 2026 en un momento en el que el certamen atraviesa en España una evidente pérdida de interés social. En una semana con elecciones andaluzas, indignación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por los dos guardias civiles asesinados en Huelva y con los habituales casos de sospechas de corrupción en su entorno, el presidente del Gobierno sí ha tenido tiempo para defender públicamente la ausencia de RTVE en el festival de este sábado en Viena. Como siempre, justificó el boicot por la presencia de Israel, en un mensaje cargado de contenido político e ideológico.
“Frente a la guerra ilegal y también el genocidio, el silencio no es una opción”, aseguró Sánchez en redes sociales al explicar la decisión de RTVE de no participar este año en Eurovisión. El jefe del Ejecutivo sostuvo además que España se encuentra “en el lado correcto de la historia” y comparó la situación actual con la expulsión de Rusia tras la invasión de Ucrania. Para Sánchez, la ausencia española responde a una cuestión de “coherencia, responsabilidad y humanidad”.
¿Eurovisión? ¿De qué Eurovisión me habla?
El problema para Moncloa y RTVE es que toda esta tormenta política ha terminado golpeando directamente al propio festival en España. Lo que durante años funcionó como uno de los grandes eventos televisivos y populares del calendario aparece ahora profundamente desgastado, polarizado y envuelto en un clima de agotamiento político que ha desconectado a una parte importante del público tradicional del certamen.
Medios
Eurovisión llega a su 70 aniversario sin España y el interés televisivo cae a mínimos
Sandra Sánchez
La edición de este año ha estado marcada desde antes de su celebración por el conflicto alrededor de Israel y Gaza, las presiones internas sobre la Unión Europea de Radiodifusión y el debate permanente sobre si Eurovisión debe actuar como un espectáculo musical o como un escenario de posicionamiento político internacional. En España, esa discusión ha terminado contaminando completamente el seguimiento del concurso y enfriando notablemente el ambiente social alrededor del evento.
Durante semanas, las redes sociales han reflejado una sensación cada vez más extendida de cansancio y desinterés. Muchos espectadores habituales consideran que Eurovisión ha dejado de ser una fiesta musical transversal para convertirse en una batalla ideológica permanente.
Sánchez, sin embargo, ha decidido asumir plenamente ese marco de confrontación. En su mensaje, el presidente reivindicó que España demuestra “su compromiso con los derechos humanos y con la legalidad internacional a través de la cultura” y aseguró compartir posición con otros países como Irlanda, Islandia, Países Bajos o Eslovenia, además de “muchos fans de toda Europa que se han alejado del festival”.
Eurovisión ya no divide únicamente entre canciones favoritas y votos internacionales. Ahora también separa bloques ideológicos, posiciones políticas y visiones enfrentadas sobre el propio papel de la cultura. Y en medio de esa batalla, el interés de buena parte de España por el festival parece haberse quedado definitivamente por el camino, asqueada por su politización.