Zapatero ya no convence ni a los psiquiatras: el doctor Cabrera lo retrata como un hombre atrapado en “su propio universo mental”
El psiquiatra forense José Cabrera analiza en el programa de Iker Jiménez la reacción del expresidente tras su imputación y marca una diferencia demoledora con Pedro Sánchez: “Se siente profundamente inocente”.

La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra no solo ha abierto un terremoto político y judicial. También ha provocado un debate mucho más incómodo para el PSOE: el del estado mental, político y casi existencial de un expresidente que parece no entender que la realidad, por fin, ha llamado a su puerta.
En la edición de este miércoles de ‘Horizonte’, el programa de Cuatro dirigido por Iker Jiménez y Carmen Porter, el doctor José Cabrera, psiquiatra forense y colaborador habitual del espacio, ofreció un análisis tan duro como llamativo de la reacción de Zapatero tras conocerse su imputación. El propio programa de Cuatro recogió que Cabrera fue preguntado por el vídeo de respuesta del expresidente y que, a partir de ahí, trazó una “diferencia nuclear” entre Zapatero y Pedro Sánchez.
Cabrera desmonta la pose de Zapatero
Según Cabrera, Zapatero no reaccionó como alguien que interpreta la imputación como una mera batalla política o judicial. Para el doctor, lo que se vio en su intervención fue algo más profundo: la incredulidad de quien no concibe que la Justicia pueda alcanzarle.
“El señor Rodríguez Zapatero salió delante de una mata haciendo una locución urgente porque se siente profundamente inocente. No se cree lo que está pasando”, vino a explicar Cabrera en el plató de ‘Horizonte’, según la información difundida por Cuatro. Y remató con una frase que se ha convertido en el gran titular de la noche: Zapatero “ha construido un universo mental propio y vive en él”.
La frase no es menor. Porque no habla solo de una estrategia de defensa. Habla de una forma de estar en política. De una burbuja. De una desconexión con la realidad que, según Cabrera, diferencia al expresidente leonés de Pedro Sánchez.
La diferencia con Sánchez: “una diferencia nuclear”
El momento más explosivo llegó cuando Cabrera comparó a Zapatero con el actual presidente del Gobierno. Para el psiquiatra, Sánchez y Zapatero no funcionan igual. Mientras el primero, según su interpretación, sabe perfectamente lo que hace, el segundo estaría instalado en una suerte de convencimiento íntimo de inocencia.
Ahí está la clave del análisis: Zapatero no se presentaría como un dirigente acorralado por una causa judicial, sino como alguien sorprendido de que el sistema se atreva siquiera a investigarle. Como si haber sido presidente del Gobierno le colocara en una categoría distinta. Como si el poder, una vez ejercido, dejara una especie de inmunidad moral permanente.
Cabrera lo expresó con crudeza: Zapatero tendría “un problema de contacto con la realidad”. Una apreciación que, más allá de su valor clínico o televisivo, conecta con la imagen que muchos españoles han percibido estos días: la de un expresidente incapaz de asumir que su nombre ya aparece en una causa que sacude de lleno al socialismo.
El expresidente ante el espejo judicial
La intervención de Cabrera llega en un momento especialmente delicado para el PSOE. La causa vinculada a Plus Ultra ha situado a Zapatero en el centro de una tormenta política sin precedentes recientes. El propio programa de Mediaset presentó la emisión del 20 de mayo como una noche marcada por el “revuelo en el Congreso” tras la imputación del expresidente y por nuevas informaciones sobre el caso.
Y ahí es donde el análisis de Cabrera golpea con más fuerza. Porque no se limita a discutir los hechos investigados, sino la reacción del propio Zapatero. Esa aparición urgente, casi improvisada, con tono solemne y gesto grave, no habría transmitido para el psiquiatra la imagen de un político que calcula cada palabra, sino la de alguien que realmente no comprende por qué está en el foco.
Zapatero, que durante años se ha movido entre mediaciones internacionales, Venezuela, contactos empresariales y silencios cuidadosamente administrados, se encuentra ahora con una realidad mucho menos cómoda: la de los juzgados, los autos, las sospechas y las explicaciones pendientes.