Alsina vapulea al Congreso por su aplauso al Papa: “Puerilidad política” y nadie defendiendo la ley
El director de Más de uno retrata el bochorno institucional tras el discurso de León XIV en el Parlamento: todos buscaron cobijo bajo el manto del Pontífice, pero ningún legislador salió a reivindicar la autonomía de la Cámara frente a la moral católica.

Carlos Alsina en Ondacero
Carlos Alsina ha vuelto a poner el dedo en la llaga. El director de Más de uno, en Onda Cero, ha dedicado su monólogo a desmontar la reacción del Congreso de los Diputados tras el discurso del Papa León XIV. Y lo ha hecho con una tesis demoledora: el problema no fue el Papa, que dijo exactamente lo que cabía esperar de un pontífice, sino la clase política española, incapaz de estar a la altura de lo que acababa de escuchar.
Según Alsina, León XIV acudió al Parlamento para recordar su visión sobre la moral, la dignidad humana, la vida, la familia, la enseñanza religiosa, la inmigración, la polarización política y la guerra. Un discurso de fondo, claramente católico, en el que el Papa reprochó al poder legislativo español buena parte de su producción normativa de las últimas décadas: aborto, eutanasia, familia, presencia de la fe en la vida pública y límites a la religión en la educación.
Y, sin embargo, la respuesta de sus señorías fue un largo aplauso de siete minutos. Para Alsina, ahí estuvo el retrato: un Parlamento que no se atrevió a defenderse ni a reivindicar su propia función.
“El ejercicio de puerilidad política más embarazoso”
El periodista fue especialmente duro con la actitud de los representantes políticos, a los que acusó de haber protagonizado “el ejercicio de puerilidad política más embarazoso de los últimos tiempos”. No por escuchar al Papa, ni siquiera por aplaudirle, sino por salir después a apropiarse de su discurso cada uno según su conveniencia.
El Gobierno, subrayó Alsina, se quedó con la parte de la acogida al inmigrante. El PP, con el tono general del discurso y su defensa de determinados valores. Vox, con la advertencia de que una cosa son las palabras y otra la política práctica. Y los independentistas, como Miriam Nogueras o Gabriel Rufián, con una lectura selectiva del mensaje papal, obviando las críticas a los movimientos identitarios y a cualquier discriminación por origen, lengua o pertenencia.
La conclusión de Alsina fue clara: todos intentaron ponerse bajo el manto protector de León XIV, pero casi nadie quiso darse por aludido en lo que realmente le tocaba.
Un Parlamento sin réplica
Lo más llamativo, según el comunicador, fue que ningún legislador saliera a defender con claridad la independencia de la actividad legislativa respecto a la moral católica. El Papa habló como pastor de la Iglesia y censuró leyes que el Vaticano no comparte. Pero el Congreso, lejos de reivindicar que legisla para una sociedad plural y no bajo el dogma religioso, optó por el aplauso y la foto.
Alsina recordó que algunas de las normas criticadas por la Iglesia no son patrimonio exclusivo de la izquierda. La ley del aborto de plazos fue impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero, pero Mariano Rajoy acabó asumiéndola al no derogarla. Lo mismo sucedió con el matrimonio igualitario. Y, según el periodista, ocurrirá también con la eutanasia si Alberto Núñez Feijóo llega algún día a La Moncloa.
Es decir, el Parlamento español ha consolidado durante años una serie de derechos sociales que después nadie se atrevió a defender ante el Papa.
Dardos a Sánchez, Feijóo, Abascal y los independentistas
Alsina también repartió reproches personalizados. A Pedro Sánchez le afeó no haber tenido el coraje de debatir con León XIV sobre su propia concepción de la política, la polarización y los “muros”. A Feijóo le lanzó una crítica directa por declararse identificado con el discurso del Papa mientras mantiene pactos con Vox en varias comunidades autónomas. Y a Santiago Abascal le recordó el contraste entre la llamada papal a evitar el lenguaje hiriente y determinadas expresiones utilizadas por Vox contra adversarios políticos e inmigrantes.
Tampoco salieron bien parados los independentistas. Alsina ironizó con Miriam Nogueras por presentarse ante el Papa reivindicando a Gaudí y Cataluña, y con Rufián por calificar al Pontífice de “humanista” pese a que el discurso papal chocaba frontalmente con algunas de las leyes sociales defendidas por la izquierda.
La ley, el Parlamento y la falta de coraje
El fondo del monólogo fue una acusación severa contra la cobardía política. León XIV, dijo Alsina, tuvo el coraje de decir lo que piensa, aunque incomode. En cambio, los representantes españoles prefirieron seleccionar la parte del discurso que más les convenía antes que responder con argumentos.
El Parlamento escuchó cómo el Papa cuestionaba leyes aprobadas por mayorías democráticas y, en lugar de reivindicar su papel, optó por el aplauso. Una imagen que, para Alsina, resume la pequeñez de una clase política más preocupada por arrimarse al prestigio moral del Pontífice que por defender la soberanía legislativa de la Cámara.
Al final, la escena dejó una paradoja difícil de disimular: León XIV habló claro; sus señorías, no. Y el Congreso, que representa la ley y la soberanía nacional, pareció por momentos más pendiente de quedar bajo el paraguas del Papa que de recordar que en democracia, por encima de los dogmas, está la ley.