Vicente Vallés destroza el manual de Moncloa: atacar a los jueces para tapar el hedor de la corrupción
El presentador de Antena 3 señala la estrategia del Gobierno de Sánchez: convertir a los magistrados en enemigos mientras el PSOE se hunde entre sumarios, imputaciones y joyas millonarias

Vicente Vallés en el plató de A3 Noticias
Vicente Vallés volvió a hacer lo que en Moncloa no soportan: contar lo que ocurre sin envolverlo en el celofán del relato oficial. Y lo que ocurre es que el Gobierno de Pedro Sánchez, acorralado por los escándalos que cercan al PSOE y a su entorno político, ha decidido desempolvar una vez más su viejo manual de supervivencia: atacar a los jueces para no hablar de corrupción.
El presentador de Antena 3 Noticias fue tajante al denunciar que “Moncloa ha decidido atacar otra vez a los jueces para evitar la imagen de estar a la defensiva por los casos de supuesta corrupción”. Una frase demoledora porque retrata, sin maquillaje, la estrategia de un Ejecutivo que cuando ve avanzar los sumarios no ofrece explicaciones, sino trincheras.
El Gobierno dispara contra la Justicia
Vallés subrayó además que miembros del Poder Ejecutivo han llegado a acusar de prevaricación a integrantes del Poder Judicial, una actitud que, según el periodista, se aleja de las costumbres propias de las democracias avanzadas europeas.
Y ahí está la clave. En cualquier democracia seria, un Gobierno bajo presión judicial comparecería, aclararía, colaboraría y dejaría trabajar a los tribunales. En la España de Sánchez, sin embargo, la respuesta es otra: señalar al juez, cuestionar a la Policía, deslegitimar a la prensa crítica y presentar al PSOE como víctima de una gigantesca conspiración.
El problema nunca es el sumario. El problema, para Moncloa, siempre es quien lo investiga.
Zapatero, Plus Ultra y la caja fuerte de las joyas
El análisis de Vallés llega en el peor momento para el socialismo. La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra y el hallazgo de más de un centenar de joyas de alto valor en una caja fuerte han abierto una crisis política que el PSOE no consigue apagar.
La imagen es políticamente devastadora: un expresidente socialista investigado y una caja fuerte repleta de collares, pulseras, relojes y piezas con diamantes, rubíes y esmeraldas, tasadas en más de un millón de euros. Mientras tanto, desde el entorno socialista se intenta reducir el escándalo, minimizarlo o directamente cambiar de tema.
Pero las preguntas siguen ahí. ¿De dónde salieron esas joyas? ¿Por qué estaban guardadas con tanto celo? ¿Quién las entregó? ¿Fueron declaradas? ¿Tienen alguna relación con favores, influencias o intermediaciones vinculadas al poder político?
Moncloa no responde. Moncloa ataca.
El comodín del “lawfare” ya no tapa nada
Cada vez que la Justicia se acerca al PSOE, aparece la misma palabra mágica: “lawfare”. La usan como escudo, como coartada y como cortina de humo. Da igual que haya informes policiales, diligencias judiciales, imputaciones o indicios que obliguen a dar explicaciones. El relato siempre es el mismo: los jueces conspiran, la derecha conspira, los medios conspiran.
Lo que no explica nadie en el Gobierno es por qué siempre que se levanta una alfombra aparece alguien del entorno socialista debajo.
Vallés ha señalado precisamente eso: la anomalía democrática de un Ejecutivo que, en vez de respetar la separación de poderes, se dedica a señalar a los jueces que investigan asuntos incómodos para el poder.
Sánchez convierte la defensa política en una guerra contra los tribunales
El sanchismo ha hecho de la victimización una forma de Gobierno. Cuando las encuestas aprietan, culpa a la derecha. Cuando la oposición denuncia, culpa al ruido. Cuando los periodistas preguntan, culpa a los bulos. Y cuando los jueces investigan, culpa a la Justicia.
Pero esta vez la estrategia empieza a agotarse. Porque la acumulación de escándalos ya no se tapa con un eslogan. El caso Koldo, las sospechas sobre Plus Ultra, las investigaciones que salpican al PSOE y la tormenta de las joyas de Zapatero dibujan un escenario que exige algo más que propaganda.