Revilla, el “visionario” que avaló a Ábalos antes del batacazo judicial: “Creo que no está pringado”
El expresidente cántabro salió en defensa del exministro socialista cuando estalló el caso Koldo y lo presentó como una persona “honesta”. La hemeroteca vuelve ahora para retratar a uno de los grandes pontificadores de la televisión española.

(Foto de ARCHIVO) Miguel Ángel Revilla 10/9/2025 Europa Press Reportajes / Europa Press 10/9/2025
Miguel Ángel Revilla vuelve a ser víctima de su peor enemigo: la hemeroteca. El expresidente de Cantabria, tertuliano de plató permanente y habitual dispensador de lecciones morales, dejó una frase para el recuerdo cuando el caso Koldo comenzaba a sacudir los cimientos del sanchismo: “Creo que Ábalos no está pringado en esta historia. Creo que es una persona honesta”.
Lo dijo con esa seguridad tan suya, mezcla de campechanía, gesto grave y superioridad de quien parece haber visto antes que nadie todas las curvas de la política española. Pero el tiempo, como casi siempre, ha terminado poniendo cada cosa en su sitio. Y aquella defensa cerrada de José Luis Ábalos suena hoy como uno de esos pronósticos que envejecen especialmente mal.
El aval televisivo al hombre de Sánchez
Revilla no se limitó a pedir prudencia. Fue bastante más allá. En plena explosión del caso Koldo, cuando empezaban a conocerse las presuntas mordidas en contratos de material sanitario durante la pandemia, el líder del PRC salió a separar a Ábalos de la trama y a subrayar su supuesta honestidad.
El argumento era sencillo: Ábalos se habría equivocado al rodearse de gente inadecuada, pero él no estaría manchado. Una tesis cómoda, benévola y muy del gusto de quienes durante años han intentado presentar los escándalos del PSOE como una sucesión de casualidades, subordinados díscolos y colaboradores que actuaban siempre sin que nadie de arriba supiera nada.
Revilla llegó a admitir que el exministro había cometido un error al confiar en determinados personajes de su entorno. Pero lo hizo con una fórmula que hoy suena a justificación light: el problema no era Ábalos, sino los “pelotas” que le rodeaban. Una manera elegante de salvar al dirigente socialista mientras el incendio empezaba a alcanzar al corazón político del Gobierno de Pedro Sánchez.
La hemeroteca no perdona
La realidad judicial ha dejado aquella intervención en una posición muy incómoda. Ábalos, que fue ministro de Transportes, secretario de Organización del PSOE y uno de los hombres de máxima confianza de Sánchez, acabó convertido en símbolo de la corrupción que el Gobierno intentó presentar durante meses como un asunto ajeno, menor o encapsulado.
El caso Koldo no era una anécdota de despacho ni un simple error de selección de personal. Era una trama vinculada a contratos públicos en uno de los momentos más delicados para España: la pandemia. Mientras millones de ciudadanos estaban encerrados, asustados y pendientes de mascarillas, material sanitario y restricciones, la investigación fue destapando el presunto negocio político que se movía alrededor de esas adjudicaciones.
Y ahí es donde la frase de Revilla adquiere todo su valor político. No por lo que dijo de Ábalos, sino por lo que revela del ecosistema mediático que durante años ha sido indulgente con el sanchismo cuando las sospechas apuntaban hacia arriba.
El gurú de las anchoas y los pronósticos fallidos
Revilla ha construido buena parte de su personaje público sobre una receta conocida: tono de taberna, anécdota costumbrista, anchoas, trenes, frases rotundas y presencia constante en televisión. Una fórmula rentable que le ha permitido aparecer como una especie de conciencia popular, siempre dispuesto a repartir carnés de honradez desde cualquier plató.
Pero la política no se mide solo por la simpatía ni por la capacidad de colocar titulares. También se mide por la memoria. Y la memoria recuerda que Revilla avaló a Ábalos cuando el exministro ya estaba bajo el foco de uno de los mayores escándalos del sanchismo.
El mismo Revilla que ha pontificado durante años sobre casi todo, el mismo que se convirtió en personaje televisivo de guardia, el mismo que se fumaba puros mientras el país discutía restricciones y sacrificios, aparece ahora retratado por sus propias palabras.