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Esther Palomera pide castigar a los medios por difundir «bulos» tras el patinazo de la SER con una imagen creada por IA

La tertuliana de Prisa propone cerrar el grifo público a los llamados «pseudomedios», pese a que su propia cadena tuvo que disculparse por publicar como real una fotografía falsa

Esther Palomera

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Luis Sordo
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Esther Palomera ha reclamado desde los micrófonos de Hora 25 retirar la financiación pública a los medios que, según su criterio, difundan informaciones falsas.

«Habría que prohibir la financiación pública de aquellos medios —y pseudomedios— que difundan bulos», afirmó la tertuliana de la Cadena SER.

Una propuesta con un evidente aroma a censura económica: señalar a una cabecera, etiquetarla como «pseudomedio» y utilizar el dinero público para castigarla. Todo ello sin explicar quién decidiría qué es un bulo: el Gobierno, un organismo controlado por el Ejecutivo o los propios medios beneficiados por el reparto institucional.

La SER también difundió una falsedad

La contradicción resulta especialmente llamativa porque la propia Cadena SER tuvo que pedir disculpas después de publicar en su web una imagen creada mediante inteligencia artificial y presentarla como si fuera real, sin haber realizado la verificación adecuada.

La emisora reconoció el error y retiró el contenido. Aplicando la receta de Palomera, ¿debería prohibirse también que la SER reciba publicidad o financiación pública? ¿O la sanción solo se reserva para los medios críticos con Moncloa?

El carné de prensa buena y mala

Palomera recurre al término «pseudomedios», la misma descalificación utilizada por Pedro Sánchez contra las cabeceras que investigan a su Gobierno, a su partido y a su entorno familiar.

Los errores periodísticos deben rectificarse y las falsedades deliberadas pueden combatirse ante los tribunales. Lo que no puede aceptarse es que el poder político reparta dinero público en función de quién publica noticias cómodas y quién hace preguntas incómodas.

La propuesta no protege la verdad. Pretende entregar al poder el botón para premiar a los medios obedientes y asfixiar a los que se salen del relato oficial.

El poder no puede decidir la verdad

Los bulos se combaten contrastando, rectificando y acudiendo a los tribunales cuando sea necesario. No convirtiendo al Gobierno en árbitro de la verdad ni la publicidad institucional en un arma de castigo.

La propuesta de Palomera no protege el periodismo. Protege el relato oficial y amenaza a quienes se atreven a cuestionarlo. Bajo el envoltorio de la lucha contra la desinformación aparece la vieja tentación autoritaria: que solo cobren —y sobrevivan— los medios obedientes.

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