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Pablo Iglesias llama “fascistas” a los vecinos de Ceuta y tapa el desastre migratorio de Sánchez

El exlíder de Podemos utiliza los últimos incidentes para cargar contra las protestas ciudadanas, pero evita señalar al Gobierno por la entrada masiva de más de 70.000 personas y el abandono de la ciudad autónoma.

Pablo Iglesias en RNE

Pablo Iglesias en RNE

Luis Sordo
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Pablo Iglesias ya ha encontrado a los culpables de la crisis de Ceuta. No son Pedro Sánchez ni Fernando Grande-Marlaska. Tampoco el delegado del Gobierno que recibió las advertencias del CNI antes de la entrada masiva. Para el exvicepresidente, el problema vuelve a estar en los ciudadanos que protestan contra una situación que ha desbordado por completo la ciudad autónoma.

Durante su intervención en RNE, Iglesias recurrió a su descalificación favorita para interpretar los últimos acontecimientos. “Lo que hemos visto en Ceuta con la agresión a la diputada, con la criminalización de una ONG vasca y también con la quema de tiendas de las personas migrantes, es pura y simplemente fascismo”, sentenció posteriormente en sus redes sociales.

Iglesias convierte a los ceutíes en culpables

El fundador de Podemos se refería al ataque sufrido por el vehículo de Julia Ferreras, diputada local de Ceuta Ya!, cuando viajaba junto a varios activistas. El coche fue rodeado y golpeado con piedras y huevos por manifestantes que protestaban contra la presencia de una asociación vasca. La Policía tuvo que intervenir y escoltar a sus ocupantes.

Una agresión injustificable que debe ser condenada con absoluta claridad, pero que Iglesias aprovecha para extender la etiqueta de “fascismo” sobre las movilizaciones de una población agotada. Una ciudad que lleva casi dos meses soportando las consecuencias de una entrada masiva sin precedentes mientras el Gobierno continúa sin ofrecer una salida convincente.

El exlíder de Podemos también aludió a la quema de tiendas de campaña y chabolas utilizadas por migrantes. Sin embargo, olvidó mencionar los ataques sufridos por policías, militares, periodistas y vecinos durante la crisis. Tampoco recordó los apedreamientos, las agresiones, los altercados o la sensación de inseguridad denunciada por los propios ceutíes.

Silencio ante el fracaso de Sánchez y Marlaska

En el relato de Iglesias desaparecen las más de 70.000 personas que cruzaron desde Marruecos durante los días 30 y 31 de julio. También se esfuman las advertencias previas del CNI, el colapso de los servicios públicos, los miles de migrantes que permanecen en la ciudad y la incapacidad del Ejecutivo para devolver la normalidad a Ceuta.

Mientras miles de personas han dormido durante semanas en playas, calles y asentamientos improvisados, Sánchez y Marlaska han tratado de esquivar cualquier responsabilidad política. La apertura del campamento del puerto, con capacidad para unas 1.700 personas, tampoco solucionó el problema y provocó nuevas avalanchas durante el traslado.

Nada de eso parece merecer una condena semejante por parte de Iglesias. El antiguo vicepresidente prefiere convertir a los ceutíes en sospechosos y reducir su desesperación a una cuestión ideológica. Su mensaje señala a toda una ciudad a partir de unos hechos concretos y silencia el origen político del desastre.

La violencia nunca puede justificarse, venga de donde venga. Pero utilizarla para descalificar a quienes reclaman seguridad y respuestas supone borrar deliberadamente el abandono sufrido por Ceuta. Iglesias vuelve así a prestar un valioso servicio a Sánchez: desplaza el foco de la incompetencia del Gobierno y coloca la etiqueta de “fascistas” sobre los ciudadanos que llevan semanas pidiendo auxilio.

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