Paco Roncero se la jugó con este ingrediente en el menu de la cena de gala de los Reyes
El chef con dos estrellas Michelin sorprendió a los Reyes y al presidente alemán con una arriesgada apuesta de sabor en el postre
Paco Roncero, referente de la alta cocina española, volvió a impresionar en el Palacio Real con su menú para la cena de gala de los Reyes
En las cenas de gala del Palacio Real no hay lugar para errores. Todo está pensado al milímetro: el protocolo, la iluminación, la música... y sobre todo, lo que se sirve en la mesa. Esta vez, la ocasión lo merecía. Los Reyes de España ofrecían una cena de Estado en honor al presidente de Alemania y su esposa, y para diseñar el menú confiaron de nuevo en uno de sus chefs más experimentados: Paco Roncero, con dos estrellas Michelin y una capacidad única para convertir la alta cocina en una experiencia memorable. Pero hubo un detalle que sorprendió a todos: un ingrediente tan inusual como audaz en un contexto diplomático.
Paco Roncero y su propuesta en Palacio
Paco Roncero no es nuevo en estas lides. Ya en la Cumbre de la OTAN de 2022 asumió el reto de agasajar a decenas de líderes internacionales en el mismo escenario. Esta vez, volvió a demostrar que su cocina va más allá del espectáculo visual. Su menú fue una muestra de sensibilidad, equilibrio e innovación.
Cada bocado tuvo un propósito. Desde los entrantes con sabores intensos y salinos hasta un pescado que brilló por su delicadeza, el menú avanzaba con elegancia. Pero fue en el postre donde Roncero apostó fuerte: regaliz. Sí, un ingrediente polarizante, amado u odiado, casi nunca neutro, y aún menos frecuente en postres de alta cocina servidos a jefes de Estado.
El ingrediente inesperado: regaliz para cerrar la velada
En lugar de cerrar con frutas exóticas, chocolate clásico o juegos de texturas predecibles, el chef optó por presentar un cremoso de regaliz como colofón del banquete. Una propuesta que descoloca y despierta el paladar, incluso cuando se espera un final suave o más convencional. El regaliz, intenso, anisado, con notas dulces pero terrosas, no es un sabor que se acostumbre a ver en una cena de gala.
Pero eso es precisamente lo que lo hizo memorable. Lejos de jugar sobre seguro, Roncero decidió introducir un ingrediente que marca, que genera conversación y que exige atención. En un entorno tan formal y regulado, ese gesto se lee como un golpe de efecto: el de un chef que no solo cocina, sino que narra, arriesga y firma con identidad propia.
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Un menú que define la nueva diplomacia gastronómica
La cena no solo cumplía una función ceremonial. También era un escaparate de la cultura y el talento español. El uso del queso manchego en los entrantes, la elección de una lubina cocinada con sutileza, y esa combinación final con regaliz son pistas de una narrativa más ambiciosa: España como país capaz de fusionar tradición, innovación y creatividad sin perder sofisticación.
En este tipo de eventos, cada detalle comunica algo. Y lo que Roncero dejó sobre la mesa fue más que un postre: fue una declaración de intenciones. Que el riesgo también puede ser elegante. Que lo inesperado también tiene cabida en Palacio. Y que la alta cocina, incluso en el contexto más diplomático, puede permitirse romper esquemas con inteligencia.