Colombia se estremece al encontrarse el cuerpo sin vida de la niña Valeria
Tras 18 días de angustiosa desaparición, una menor con síndrome de Down fue hallada muerta cerca del colegio donde se le perdió la pista, desatando luto nacional y duras críticas a la actuación institucional

El cartel de búsqueda de Valeria Afanador
Tras 18 días de intensa búsqueda, Colombia confirmó el peor desenlace: el cuerpo de Valeria Afanador, una niña de 10 años con síndrome de Down que había desaparecido en Cajicá (Cundinamarca, una población cercana a Bogotá), fue hallado sin vida en las inmediaciones del río Frío, a escasos metros del colegio donde se le vio por última vez.
El hallazgo se produjo gracias a la alerta de un campesino de la zona, quien notificó a un grupo de seguridad privada antes de que la Policía acudiera al lugar. La confirmación oficial llegó en medio del luto nacional y de un creciente cuestionamiento a la efectividad de los operativos de búsqueda, en los que participaron más de 200 personas.
Sospechas sobre el hallazgo
El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey Ángel, planteó una inquietante hipótesis: “Resulta improbable que el cuerpo hubiese estado allí desde el inicio”. Recordó que el área ya había sido inspeccionada desde el primer día, lo que alimenta la sospecha de que Valeria pudo haber sido ubicada en el lugar poco antes de encontrarse su cuerpo sin vida.
La Fiscalía General de la Nación abrió una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte, mientras equipos forenses continúan la zona y el estado del cuerpo. El colegio del que desapareció, en una medida increíble, decidió tapiar el agujero del patio por el que se escapó la niña, según revelaron las cámaras de seguridad, alterando una pista fundamental de los hechos.
El dolor de una familia destrozada
Durante los días de incertidumbre, la madre de Valeria relató la angustia de no tener noticias: “Vivir sin saber dónde está tu hija es lo más duro que puede pasarle a una madre... no logro dormir”. Su padre, por su parte, cuestionó de manera directa a las autoridades: “No tienen tecnología, no tienen nada… claramente fue un rapto”.
El caso generó un profundo impacto social en Colombia, donde miles de ciudadanos se movilizaron en jornadas de búsqueda y cadenas de oración. Ahora, tras la confirmación del hallazgo, la indignación se centra en la falta de resultados durante las pesquisas iniciales y en la necesidad de garantizar justicia.
El recuerdo de Valeria se ha convertido en símbolo de exigencia de mayor protección a los menores y de reclamación de respuestas claras sobre lo ocurrido en Cajicá.