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Los bancos refuerzan su defensa ante el nuevo enemigo invisible: el cibercrimen financiero

El Banco de España alerta del aumento de ataques digitales que ya cuestan millones a las entidades. El phishing, el ransomware y los fraudes internos ponen en jaque la seguridad del dinero que tenemos en el banco.

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La batalla por la seguridad financiera ya no se libra solo en los despachos ni en las sucursales, sino también en un frente invisible: el digital. Cada clic, cada transferencia, cada app bancaria es un posible campo de ataque.

El Banco de España y las grandes entidades del país lo tienen claro: protegerse de los ciberataques se ha convertido en una cuestión de supervivencia.

El enemigo está en el correo (y en el bolsillo)

Los estafadores ya no necesitan entrar en un banco: les basta con una pantalla y una buena historia. El phishing, esos correos o mensajes que imitan al banco y piden datos “urgentes”, sigue siendo el método favorito. También sus primos pequeños, el smishing (por SMS) y el vishing (por llamada).

Según la Agencia Europea de Ciberseguridad, estos ataques crecieron un 30% en la Unión Europea el último año. Detrás de cada clic apresurado, un posible acceso a cuentas, tarjetas o claves de banca online.

Y luego están los ataques más sofisticados, como el ransomware, que bloquea los sistemas de una entidad hasta que se paga un rescate. O los fraudes al más alto nivel, como el llamado “fraude del CEO”, donde los delincuentes suplantan directivos para ordenar transferencias millonarias. Solo en 2023, causaron pérdidas globales superiores a los 2.400 millones de euros, según Europol.

Según la Agencia Europea de Ciberseguridad, estos ataques crecieron un 30% en la Unión Europea el último año

El eslabón más débil: las personas

Por más tecnología que se instale, la mayoría de los fallos siguen teniendo nombre y apellidos. Más del 60% de los fraudes digitales bancarios nacen de un descuido humano o de un engaño bien ejecutado. Basta un correo con apariencia oficial o una llamada convincente para abrir la puerta a pérdidas millonarias.

Por eso, la nueva estrategia de las entidades combina algoritmos con formación. Los empleados se entrenan como si fueran parte de un cuerpo de seguridad: simulacros de ataque, detección de correos falsos y protocolos de emergencia se han convertido en la rutina de cualquier oficina.

Inteligencia artificial: el nuevo guardia invisible

Los bancos ya no solo vigilan sus cuentas, también sus datos. Sistemas de inteligencia artificial rastrean en tiempo real patrones sospechosos y movimientos extraños.

A la vez, los clientes se acostumbran a medidas que antes parecían exageradas: reconocimiento facial, doble verificación o códigos de un solo uso.

Todo suma para levantar un muro frente a un enemigo que no duerme. Porque si algo tienen claro en el sector, es que los cibercriminales no paran ni los domingos.

La confianza, el activo más caro

España se prepara además para las nuevas exigencias europeas: las normativas NIS2 y DORA, que obligan a los bancos a reforzar su ciberresiliencia y garantizar que puedan seguir operando incluso tras un ataque.

En un momento en el que los clientes hacen todo desde el móvil, la confianza digital es tan valiosa como el dinero. Y un banco que demuestre que puede resistir cualquier ciberataque, vale más que uno que prometa intereses altos.

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