Temporada de setas: los trucos que usan los expertos para llenar la cesta (sin jugársela)
Con las primeras lluvias llega la fiebre micológica. Pero cuidado: no todo lo que parece boletus lo es, y un error puede acabar en urgencias.

Busqueda de setas
Con el otoño en marcha, los montes españoles se llenan de aficionados dispuestos a buscar el tesoro del bosque: las setas. Boletus, níscalos, rebozuelos… cada región tiene sus favoritos, y las lluvias de octubre han hecho que este año la campaña empiece fuerte. Pero los expertos advierten: buscar setas es una delicia, siempre que se haga con cabeza.
Dónde están (y dónde no)
El primer secreto está en el suelo. Los boletus y níscalos prefieren los pinares húmedos, mientras que los rebozuelos se dan mejor en hayedos o robledales con algo de pendiente. Los días ideales son los que siguen a una lluvia suave y con temperaturas frescas, pero sin heladas.
Los veteranos recomiendan madrugar y mirar bien entre la hojarasca, porque las setas crecen disimuladas, casi camufladas. Y un truco de los que no fallan: si ves una, busca con calma a su alrededor, porque nunca crecen solas.
No todas se comen (y algunas ni tocarlas)
Cada año, los hospitales atienden decenas de intoxicaciones por confusión entre especies. Los micólogos son claros: si no la conoces, no la cojas. Algunas, como la Amanita phalloides, pueden ser mortales con una sola pieza.
Para evitar sustos, conviene ir con una guía de campo actualizada o con una app micológica fiable, y si es posible, acompañados de alguien con experiencia. Y ni se te ocurra mezclar las desconocidas con las comestibles: una sola seta mala puede contaminar toda la cesta.
Los expertos aconsejan usar una navaja y cortar el tallo sin arrancar la raíz, para no dañar el micelio que permite que vuelvan a crecer.
Cómo recogerlas bien
El corte también importa. Los expertos aconsejan usar una navaja y cortar el tallo sin arrancar la raíz, para no dañar el micelio que permite que vuelvan a crecer. Luego se guardan en cestas de mimbre, nunca en bolsas de plástico, que las asfixian y estropean.
Además, cada comunidad tiene sus normas: en muchas zonas hay cupos diarios y permisos obligatorios, así que mejor informarse antes de salir al monte.