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Tradición y terror: Madrid celebra Todos los Santos y Halloween con variadas opciones

La ciudad honra la memoria de los difuntos mientras se ríe del miedo, mezclando solemnidad y diversión. Entre flores de cempasúchil, disfraces y música, Madrid demuestra que recordar también es celebrar la vida.

Calabaza de Halloween

Calabaza de Halloweeneuropa press

David González
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Madrid se viste estos días con dos rostros distintos pero igualmente fascinantes: el del miedo y el de la memoria. La capital española se transforma en un escenario donde conviven Halloween y el Día de Muertos, dos celebraciones que, aunque nacidas en culturas diferentes, comparten un mismo propósito: rendir homenaje a la vida, a los recuerdos y a quienes ya no están. Entre el rugido de los disfraces, el eco de los gritos en los pasajes del terror y el aroma a cempasúchil que inunda las calles, Madrid se convierte en un puente simbólico entre el más allá y la fiesta más terrenal.

Durante los últimos años, el Día de Muertos ha adquirido una presencia especial en la ciudad. Los madrileños han aprendido a reconocer y admirar esta tradición mexicana, declarada en 2003 por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, y en 2008 incorporada oficialmente a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial bajo el título de “Fiesta indígena dedicada a los muertos”. Esta designación no solo reconoce la riqueza estética de la celebración, sino también su profundo significado: una práctica que exalta la continuidad de la existencia y la permanencia del recuerdo. En ella, la muerte no es un fin, sino una parte inevitable del ciclo vital.

Los altares y ofrendas instalados en distintos puntos de Madrid son testimonio de esta visión. En el Centro Cultural Daoíz y Velarde, CentroCentro, el Teatro Fernán Gómez y Matadero Madrid se pueden visitar impresionantes montajes elaborados con la colaboración de la Fundación Casa de México en España, bajo la curaduría de la creadora mexicana Cristina Faesler. Cada altar está cuidadosamente decorado con los cuatro elementos: el agua, que purifica; la tierra, representada por granos y pétalos; el fuego, simbolizado por las velas que guían a las almas; y el aire, visible en el papel picado que se mece al viento. A estos se suman calaveritas de azúcar, pan de muerto, cruces de sal, imágenes religiosas, retratos de los difuntos y catrinas que representan el ingenio popular mexicano.

El altar del Teatro Fernán Gómez destaca especialmente por su carácter simbólico. Titulado “Luto por la humanidad”, rinde homenaje a quienes dedicaron su vida a la defensa de los derechos humanos, evocando la Declaración Universal de 1948. Además, el teatro ofrece talleres familiares donde los niños pueden elaborar títeres de calaveritas y descubrir el sentido espiritual de esta tradición que fusiona elementos indígenas y católicos. En la Casa de América, otra ofrenda monumental, “La abuela de todos: una ofrenda a las Carmencitas”, combina elementos tradicionales y arte contemporáneo. Con tres metros de altura, flores de cempasúchil, papel picado, bordados y retratos, incluye un componente interactivo: los visitantes pueden enviar fotografías de sus abuelas para proyectarlas en una gran pantalla LED, convirtiendo la memoria en una experiencia colectiva.

Pero Madrid no solo honra el recuerdo: también se ríe del miedo. En paralelo al aroma a incienso y al resplandor de las velas, las calles y pueblos de la región se llenan de sustos, máscaras y diversión. En Paracuellos del Jarama, por ejemplo, el “truco o trato” reúne cada año a miles de familias y niños disfrazados. Este 2025 se espera una tonelada completa de caramelos y un pasaje del terror con diez actores profesionales. En Torrejón de Ardoz, el Halloween Horror Zone celebra una década de sustos con un túnel del pánico gigante, zonas temáticas y una ambientación circense que haría temblar a los más valientes. Y en Leganés, la creatividad se une a la conciencia ecológica: los escenarios de su Pesadillas Recicladas se construyen con materiales reutilizados, demostrando que también se puede asustar sin dañar el planeta.

El miedo se cuela incluso en los museos. En el Museo del Ferrocarril, la compañía The Freak Factory presenta “Terror en el Museo”, una experiencia teatral inmersiva ambientada en 1883, cuando un misterioso tren llega con pasajeros atrapados en el tiempo. En el Museo de Cera, los visitantes pueden disfrutar del espectáculo “Truco o Magia”, un show de mentalismo protagonizado por Pablo Raijenstein que combina misterio, humor y psicología. Y quienes prefieran bailar entre fantasmas tienen una cita en el Círculo de Bellas Artes: su Noche de Muertos y Brujas ofrece una pista de baile donde las catrinas se mueven al ritmo de cumbia, reggaetón y mambo hasta el amanecer.

Halloween en Paracuellos del Jarama.

Halloween en Paracuellos del Jarama.Europa Press

Y es que si algo caracteriza a Madrid es su espíritu festivo. La ciudad celebra todo: San Isidro, la Nochevieja, el orgullo LGTBIQ+, las victorias deportivas o simplemente la llegada del fin de semana. No sorprende, por tanto, que Halloween haya arraigado con tanta fuerza. Aunque algunos aún digan “eso es un invento americano”, los madrileños lo han adoptado con entusiasmo, combinándolo con sus propias costumbres. El Día de Todos los Santos sigue siendo un momento de recogimiento familiar, en el que se visitan los cementerios y se comparten dulces típicos como los buñuelos o los huesos de santo. Pero ahora convive sin conflicto con las calabazas talladas, los disfraces y las fiestas nocturnas.

Las opciones para disfrutar de este fin de semana largo son casi infinitas. Los amantes del misterio pueden unirse a la visita guiada La noche de los espíritus, que recorre el centro de la ciudad revelando leyendas del Madrid oculto. O seguir la ruta de la Inquisición Española, entre fantasmas y relatos de otros siglos. Los más valientes pueden enfrentarse a los pasajes del terror del Parque de Atracciones, como The Walking Dead Experience o El Viejo Caserón, y a las atracciones del Parque Warner, donde la oscuridad cobra forma con La Llorona, Expedientes Warren, Arkham Asylum o La Maldición de Río Bravo. También destacan experiencias como la Madrid Terror Escape Room, con más de 200 metros cuadrados de enigmas y sustos, o la Estación Fantasma de Chamberí, donde el pasado vuelve por una noche.

Y si después de tanto susto aún quedan fuerzas, siempre queda el Panic Bus, una fiesta itinerante que recorre la ciudad convertida en una auténtica pesadilla sobre ruedas, con actores, pruebas y música hasta llegar, inevitablemente, a una discoteca madrileña.

Así, entre velas y linternas, entre el pan de muerto y los caramelos, Madrid demuestra que no hay contradicción entre el recuerdo y la diversión. La ciudad celebra la vida en todas sus formas: honrando a los muertos, riéndose del miedo y recordando que, en el fondo, toda fiesta —ya sea mexicana o madrileña, solemne o festiva— es una manera de mantener viva la memoria. En estos días mágicos, Madrid no solo se disfraza de oscuridad: brilla con la luz de quienes saben celebrar incluso lo efímero, convirtiendo la muerte en arte, en risa y en un eterno motivo para bailar.

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