El drama de una sindicalista en su puesto de trabajo: "Esto es lo que llevamos sufriendo dos meses"
¡Ay, madre mía! Una puerta rebelde que se niega a cerrar, como si fuera un complot capitalista contra el derecho sagrado al aislamiento laboral. Dos meses de puro tormento sindical, donde el viento traicionero susurra secretos a los compañeros. ¿Sobrevivirá la clase obrera a esta epopeya de bisagras traidoras?
En un giro digno de una telenovela venezolana con guion de Pablo Iglesias, una valiente sindicalista de CCOO ha decidido inmortalizar su calvario cotidiano en un vídeo que ya acumula más vistas que las manifestaciones del 8M. No, no estamos hablando de despidos masivos, ni de recortes salariales que dejan a los trabajadores comiendo migajas de pan bimbo. ¡Qué va! El verdadero horror, el que clama al cielo y hace temblar los cimientos de la patronal, es... ¡una puerta que no cierra!
Imaginemos la escena: la cámara tiembla en manos de la heroína, con esa expresión de mártir que solo se adquiere tras años de asambleas eternas y cafés recalentados. "Esto es lo que llevamos sufriendo dos meses", proclama con voz entrecortada, como si estuviera confesando el Holocausto de las oficinas. Y uno no puede evitar pensar: ¿dos meses? ¿En serio? Mientras el resto de España lidia con la factura de la luz que sube más que el ego de un influencer, o con el alquiler que devora el sueldo como un dragón hambriento, esta pobre alma ha tenido que batallar con una hoja de madera traidora que se abre y cierra a su antojo, como un novio indeciso en Tinder.
Pero vayamos al grano, queridos lectores de ESdiario, que aquí no nos andamos con chiquitas. La sindicalista, en un acto de coraje que merece al menos una medalla al valor (o un cerrajero de guardia permanente), enfoca la puerta culpable: un armatoste metálico que, según parece, ha decidido emanciparse de su marco. ¿El culpable? Probablemente el cambio climático, o tal vez un sabotaje orquestado por la derecha más rancia, que odia las puertas bien cerradas tanto como odia las huelgas indefinidas. "¡La puerta no cierra!", grita al vacío, y uno casi espera que aparezca un coro griego lamentando la tragedia. Dos meses de corrientes de aire que revolotean papeles, que enfrían el café y, ¡horror de los horrores!, que podrían propiciar un resfriado colectivo. ¿Y la solución? Pues nada, seguir sufriendo en silencio, o mejor, grabar un vídeo viral para que el mundo entero compadezca a los oprimidos por las cerraduras defectuosas.
No nos malinterpreten: el sindicalismo es una causa noble, un baluarte contra los abusos del capital. Pero cuando el drama estrella es una puerta rebelde, uno no puede evitar soltar una carcajada irónica. ¿Acaso no hay pegamento, un martillo o, Dios no lo quiera, un poco de iniciativa para clavar un candado provisional? ¿O es que en CCOO solo se resuelven problemas con manifestaciones y tuits incendiarios? Imaginen el siguiente vídeo: "¡El ascensor pita demasiado fuerte! Llevamos sufriendo una semana de pitidos opresores". O el definitivo: "La fotocopiadora escupe papel. ¡Esto es fascismo en formato A4!".
En fin, mientras la sindicalista acumula likes y retuits por su epopeya domótica, el resto de mortales seguiremos cerrando puertas metafóricas: las de la precariedad, las de la inflación galopante y las de un gobierno que promete el oro y el moro pero entrega migajas. Dos meses de sufrimiento, dice ella. Nosotros llevamos ocho años de Sánchez, y aún no hemos grabado nuestro drama. Paciencia, que la puerta se cerrará... algún día. O no. Al fin y al cabo, en España, hasta las bisagras saben de rebeldía.