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Patones de Arriba: un pueblo que enamora, pero sorprende por su acceso a pie no apto para todos los públicos

Patones de Arriba es uno de los destinos más bonitos y fotografiados de la Comunidad de Madrid, un pueblo de cuento que conquista por su arquitectura negra y sus vistas

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Vista general de Patones de Arriba 06/4/2022

(Foto de ARCHIVO) Vista general de Patones de Arriba 06/4/2022Europa Press

Alba Molina López
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Visitar Patones de Arriba es, para muchos, como entrar en una postal navideña. Sus callejuelas empedradas, sus casas de pizarra, su ambiente tranquilo y sus vistas sobre la Sierra madrileña convierten este pequeño enclave en uno de los pueblos más encantadores de la región. Es un destino especialmente popular entre parejas, que buscan en él un plan relajado y fotogénico. Pero el acceso al pueblo está lejos de ser tan amable como su apariencia.

La carretera que comunica Patones de Abajo con Patones de Arriba permanece cerrada al tráfico salvo para residentes, y arriba no existe capacidad de aparcamiento. Los visitantes deben dejar el coche en el aparcamiento gratuito de la parte baja y elegir entre dos opciones: subir en un minibús que pasa cada diez minutos, o emprender una ruta a pie que, aunque corta, en la práctica se ha convertido en una trampa para quienes no vienen equipados para hacer senderismo.

El camino es una pendiente pronunciada, con piedras sueltas y arena movida, propio de una ruta de montaña. Personas mayores, niños pequeños o cualquier visitante que lleve un calzado inadecuado, desde zapatos finos hasta tacones o zuecos, pueden encontrarse con una subida incómoda e incluso peligrosa. Sin embargo, esta información no siempre se facilita a los turistas antes de iniciar el ascenso.

Patones de Arriba 24/11/2025

Patones de Arriba 24/11/2025ESdiario

Según relatan varios visitantes, los propios vendedores de tickets del minibús animan a subir andando, restando importancia a la dificultad del recorrido. “Si no queréis esperar al bus y os veis con ganas, en 20 minutos estáis arriba”, es una de las frases más repetidas. La invitación suena tentadora para quien va con prisa o para quienes esperan un simple paseo, no un tramo de sendero exigente. Lo que debería ser una visita tranquila se transforma así en una experiencia frustrante que puede arruinar el inicio del día.

Y es una pena, porque Patones de Arriba deslumbra al llegar. Sus miradores, su arquitectura negra y su atmósfera casi cinematográfica, especialmente en otoño e invierno, hacen que el esfuerzo parezca merecer la pena. Eso sí, el frío en la zona no da tregua: bufanda, guantes y gorro no son opcionales para quienes suben en los meses de bajas temperaturas.

El pueblo sigue siendo uno de los grandes reclamos rurales de Madrid, pero la falta de información clara sobre el camino de acceso deja a muchos visitantes con un mal sabor de boca. Una simple advertencia sobre el tipo de ruta y el calzado recomendable evitaría más de un disgusto. Patones de Arriba enamora a quien lo visita; lo único que falla, para muchos, es la subida.

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