Se confirma el fenómeno en Valencia: ya hay lista de espera para probar las nuevas paellas de Juan Roig
El fenómeno gastronómico del Roig Arena impulsado por Juan Roig que está agotando reservas y convirtiendo la paella a la leña en la nueva experiencia imprescindible en Valencia

Juan Roig, presidente y CEO de Mercadona, junto a Vicente Boluda, presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), durante la Asamblea General AVE 2026 celebrada el 10 de febrero en Valencia.
La escena no es habitual en un pabellón deportivo con capacidad para 20.000 personas: humo controlado de leña de naranjo, arroz extendido con precisión milimétrica y una lista de espera que se alarga cada fin de semana. Desde su apertura en septiembre, el Roig Arena se ha convertido en algo más que la nueva casa del Valencia Basket. Y más del 95% de las mesas del restaurante Poble Nou piden arroz.
El Roig Arena de Juan Roig: fuego real en un estadio de última generación
Con una inversión superior a 400 millones de euros y diseñado por el estudio ERRE Arquitectura, el Roig Arena nació con una ambición clara: ser sostenible, generar impacto local y elevar la experiencia del espectador. Pero había un reto añadido, que su gastronomía estuviera a la altura. Tal y como explicó Miguel Martí en una entrevista concedida a Expansión, el proyecto se diseñó para evitar franquicias internacionales y apostar por identidad valenciana y cocina propia.
Para lograrlo, Roig confió la propuesta culinaria a Miguel Martí, restaurador con larga trayectoria en eventos y espacios singulares. La premisa era arriesgada: nada de franquicias internacionales ni caterings impersonales. Aquí todo se cocina dentro, al momento y con proveedores valencianos. Cerveza producida en la provincia, verduras de kilómetro cero, pescado de lonja y arroz de la Albufera.
Poble Nou en el Roig Arena: el arroz como experiencia científica
El corazón gastronómico del recinto es Poble Nou, un restaurante con vistas a la pista y capacidad para 150 comensales. Su propuesta gira en torno a cinco arroces y tres fideuás, además de clásicos valencianos como el esgarraet, la titaina o la sepia a la brasa. El ticket medio ronda los 60 euros, con una filosofía de precios ajustados que recuerda al modelo de Mercadona: margen razonable y cliente que repite.
Pero lo que realmente marca la diferencia es el método. Aquí la paella no se deja al azar ni al "ojo de buen cubero". Un ingeniero agroalimentario forma parte del equipo y ha convertido la receta tradicional en un ejercicio de precisión. Tal y como detalló el propio Martí en la conversación publicada por Expansión, el objetivo era eliminar la subjetividad en cocina y garantizar un resultado idéntico independientemente de quién estuviera frente al fuego.
Producción propia en el Roig Arena: el lujo inteligente
Más allá del arroz, el proyecto apuesta por lo que definen como "lujo inteligente". Dentro del pabellón funciona una cocina central de dimensiones industriales donde se elabora todo: pan de masa madre, fondos para los arroces, repostería y hasta una media de 5.500 croquetas semanales con jamón y coppa de Joselito.
La bodega supera las 200 referencias y la cubertería, diseñada por Pininfarina, permite comer directamente de la paella. Las copas son Riedel, la vajilla es artesanal con símbolos valencianos y las mesas se diseñaron más amplias para que las paellas (con triple grosor de hierro) no se deformen. El comensal quizá no identifica cada detalle, pero percibe el conjunto.
El recinto abre los 365 días del año, haya o no partido o concierto. Mantener una plantilla fija de más de 50 cocineros implica costes elevados, pero la apuesta es clara: estabilidad laboral y entrenamiento continuo.
La previsión es que 1,5 millones de personas pasen por el Arena en 2026. Muchos vendrán por la Copa del Rey de baloncesto o por grandes conciertos; otros, simplemente, por el arroz.
En un país donde la paella es territorio sagrado, convertirla en emblema de un estadio privado parecía una osadía. Hoy, con lista de espera y el arroz agotado antes de lo previsto, la jugada se entiende mejor.