Ángeles Caballero: "Se puede ser contundente y asertiva sin perder las formas"
La escritora y columnista presenta su segundo libro, una obra que combina diario, observación social y reflexiones personales. En la entrevista con Esdiario, Caballero habla de la sociedad, la fe, Madrid y la reivindicación de figuras populares, con su característico estilo directo y lleno de observación.

Ángeles Caballero presentó su segundo libro, Orfidal y Caballero y explicó que se trata de "un libro para disfrutar, para leer, abrir por cualquier página y disfrutar por lo bien escrito que está". La autora aclaró que no es una novela ni ficción, aunque reconoce que tiene "un punto de diario, un punto de recopilación de pensamientos y un punto de desahogo", donde plasma sentimientos y reflexiones sobre su entorno y la actualidad. Caballero destacó que, a veces, parte de una anécdota para llegar a una reflexión más profunda y otras veces lo hace "con cierta ligereza que nunca viene mal".
La escritora subrayó que en su libro hay un hilo conductor sobre la sensación de "hasta aquí hemos llegado", reflejando momentos en los que decide no aguantar ciertas situaciones. Reconoció que su posición privilegiada le permite canalizar estos sentimientos "en el voto que depositas en las urnas y otras veces en una conversación", siempre manteniendo la serenidad y la asertividad. Según Caballero, "se puede ser muy contundente y muy asertiva sin perder las formas".
La observación social es un elemento central de la obra. La autora admitió ser "una enorme defensora de las señoras mayores de España" y señaló que su papel en la sociedad es fundamental, tanto en términos de cuidado como de contribución económica. Además, explicó que le gusta observar la gente en su día a día, ya sea en transporte público o caminando, y que muchas veces estas observaciones sirven como base para sus reflexiones.
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Caballero también abordó cómo se reivindican actualmente figuras populares. Criticó la tendencia a otorgarles un "sello de calidad" solo si cumplen ciertos criterios contemporáneos, como sucedió con Lina Morgan o Sara Montiel. Según la autora, estas interpretaciones "son una faena de aliño para que a los intelectuales no les dé pudor escribir y hablar sobre ellas". Reconoció que en su juventud se autocensuraba por miedo a la condescendencia de otros, pero que ahora comprende que "la admiración por estas figuras puede coexistir con la sencillez y el entretenimiento que ofrecieron".
Sobre la fe y la espiritualidad, Caballero dijo que su experiencia como católica le ha dado "momentos de mayor amor sentido en mi vida, un amor absolutamente pleno, comparable con cuando he tenido a mis hijos". Comentó que la moda actual de la espiritualidad y la popularización de figuras como Rosalía o Tamara Falcó la observa "con curiosidad" y que no siente la necesidad de subirse a ningún carro mediático. En palabras de la autora, "el problema de las etiquetas no es de quien las recibe, sino de quien las pone".
En cuanto al papado, Caballero opinó sobre la transición de Francisco a León XIV, afirmando que el nuevo papa "ha optado por un perfil mucho más bajo", mientras que el pontificado de Francisco fue "profundamente mediático". Para la autora, esto refleja que dentro de la Iglesia Católica hay espacio para distintos enfoques, desde la serenidad hasta la provocación reflexiva.

Portada de 'Orfidal y Caballero'.
Respecto a Madrid, ciudad donde ha vivido gran parte de su vida adulta, Caballero la describe como "una ciudad irresistible, cosmopolita y paleta, generosa si tienes suerte, despiadada si no llevas, plagada de espejismos e idilios de un rato". Explicó que su relación con la ciudad refleja su etapa de vida actual: "tengo ganas de poco ruido, sigo queriéndome reír pero quizá un poquito más para adentro", y que a través de la escritura busca equilibrar el amor por la ciudad con la conciencia de sus desigualdades.
Sobre proyectos futuros, reconoció que actualmente está dedicada a pasear su libro en presentaciones y charlas con lectores y que "lo que venga ya se verá", sin comprometerse todavía con un tercer libro. Destacó la dificultad de combinar la disciplina de la escritura con la vida profesional y personal, pero aseguró que "siempre tienes algo que contar".