Por qué nunca deberías ir al supermercado antes de comer (y no es solo por la dieta)
Ir a hacer la compra requiere planificación, pero tu cuerpo puede boicotear tu presupuesto en el supermercado, si no eliges bien el momento

Es importante tener la barriga llena antes de comer (y otras cosas)
En tiempos donde mirar con lupa cada céntimo es vital, muchos cometen el error de ir a la compra sin estrategia. Según los expertos, ir al supermercado para ‘comprar lo que hace falta’ sin tener en cuenta, precisamente, cuál será nuestro menú semanal y presupuesto, qué nos urge y qué puede esperar... Es un gran error.
No obstante, uno de los fallos financieros más graves no tiene nada que ver con la planificación, sino con el estado en el que nos encontramos a la hora de comprar. Tu cerebro te engaña para gastar más cuando tienes el estómago vacío.
Comprar con el estómago vacío, un craso error
No solo el Ministerio de Sanidad lo advierte en su guía ‘Estilo de vida saludable’ -donde además podrás descargar un planificador semanal para hacer la lista de la compra- con un tajante: “No hacer la compra en ayunas”. También, prestigiosas organizaciones como la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) también ponen en relieve lo importante que es hacer la compra cuando se tiene el estómago lleno.
En su artículo especial ‘9 consejos para hacer la compra’, la American Heart Association lo tiene claro: “No compres con el estómago vacío. Esto puede llevarte a compras impulsivas por hambre”. Efectivamente, comprar con hambre o sin ella puede marcar la diferencia en la lista de la compra y evitar llevar a casa productos que no te benefician en nada, encarecen la cesta y no son nada saludables.
Ni comprar… ni tomar decisiones importantes
Además, un estudio de la Universidad de Dundee, llevado a cabo por el Dr. Benjamin Vincent del Departamento de Psicología encontró que “el hambre altera significativamente la toma de decisiones de las personas, volviéndolas impacientes y más propensas a conformarse con una pequeña recompensa que llega antes que una más grande prometida en una fecha posterior”.
A los participantes en la investigación “se les hicieron preguntas sobre comida, dinero y otras recompensas cuando estaban saciados y también cuando se saltaban una comida. Si bien no fue sorprendente que las personas hambrientas fueran más propensas a conformarse con incentivos alimenticios más pequeños que llegaban antes, los investigadores descubrieron que sentir hambre, de hecho, cambia las preferencias por recompensas completamente ajenas a la comida”.
No debemos comprar cuando tenemos hambre ya que “es más probable que tome decisiones poco saludables o indulgentes” y no aquello que de verdad nos hace falta y nos conviene.
Pero el hambre no solo condiciona la lista de la compra, sino la toma de decisiones vitales o importantes. “Queríamos saber si el hambre solo tenía un efecto específico en cómo se toman decisiones relacionadas con la comida o si tenía efectos más amplios, y esta investigación sugiere que la toma de decisiones se centra más en el presente cuando las personas tienen hambre”, dijo el Dr. Vincent”.
Explicado de manera sencilla: cuando tenemos hambre tendemos a centrarnos más en lo que queremos ahora, en el presente, en lugar de pensar en consecuencias a largo plazo. Es decir, el hambre no solo hace que quieras comer, sino que hace que tu cerebro priorice las recompensas inmediatas en general.